La nueva película dirigida por Sean Penn peca de cierta grandilocuencia y de proclamar un mensaje algo superflúo, pero su belleza plástica resulta simplemente incontestable.

★★★☆☆ Buena

Hacia rutas salvajes

Dirigida por Sean Penn y protagonizada por Emile Hirsch, Vince Vaughn, William Hurt, Kristen Stewart, Catherine Keener, Marcia Gay Harden, Hal Holbrook, Zach Galifianakis, Haley Ramm y Jena Malone, Hacia rutas salvajes está nominada al Óscar al Mejor Actor de Reparto y al Mejor Montaje.

Basada en la obra de Jon Krakauer, Hacia rutas salvajes (Into the wild) cuenta la historia del joven e idealista Christopher McCandless, quien abandona su vida en la civilización, deja sus posesiones y dona sus 24.000 dólares de ahorros a la caridad para poner rumbo a la salvaje Alaska bajo el nombre Alexander Supertramp.

Con una duración de casi dos horas y media, Hacia rutas salvajes es una película que posee grandes aciertos y, al mismo tiempo, terribles errores: por un lado tenemos una historia atrayente, una suerte de viaje iniciático en busca del verdadero yo partiendo de la ruptura con la sociedad.

Lo cierto es que dicha ruptura no supone ninguna novedad, ni en el mundo de la literatura ni en el del celuloide, pues hay decenas y decenas de ejemplos en los que la huída resulta ser el punto de partida para el descubrimiento del verdadero individuo, si bien uno debe admitir que la película de Sean Penn opta por otorgar un mayor énfasis a la plástica que al propio mensaje.

Con una voz en off en boca de la hermana de Chris soltando cargantes máximas de libros de autoayuda, Hacia rutas salvajes se desentiende de su mensaje más metafísico en busca del efectismo, limitándose a interrelacionar esporádicamene a su protagonista con todo tipo de personajes en un intercambio de sabiduría popular excesivamente edulcorado.

Por otro lado, nos encontramos con una película plagada de largos travellings y tomas aéreas a cargo de Eric Gautier que, como bien han dicho en más de un lugar, en ocasiones creemos estar viendo un inacabable anuncio de automóviles, pero cuya belleza estética resulta simplemente incontestable. Y es que, por un lado, bien se le puede recriminar a Sean Penn haber realizado una película superflúa, pueril y algo maniquea en muchos aspectos, pero recriminar la labor tanto de la fotografía como del montaje resulta algo estúpido, al menos, a mi modo de ver. Obviamente, existe un claro abuso de dichas panorámicas, sobretodo cuando el protagonista aparece en su encuadre realizando flexiones, escalando, pescando, caminando o desperezándose ante espectaculares amaneceres, como si con ello se pretendiera mostrar el espíritu de libertad que el guión se ha visto incapaz de plasmar pero, fuera de su contexto, la fotografía de Hacia rutas salvajes es simplemente maravillosa.

De este modo, Hacia rutas salvajes resulta una película de una belleza plástica indescriptible, pero de flojo guión, en el que su protagonista en ningún momento llega a simpatizar con el espectador, pues sus motivaciones se nos antojan más propias del capricho que de unas verdades incontestables. Pero, por otro lado, tambien es cierto que las motivaciones de cada cual resultan siempre subjetivas y, en ocasiones, incomprensibles e injustificables para los demás, erigiéndose el propio acto de realización como principal motivación y mérito en detrimento de todo razonamiento, por lo que, a mí entender, ya sea por un mero capricho adolescente o por una verdadera búsqueda de la paz interior, la historia de Christopher McCandless es digna de elogio.
publicado por Oscar Martínez el 6 febrero, 2008

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