Abstenerse personas amantes del clasicismo y de la narrativa básica con planteamiento, nudo y desenlace; aquí no hay nada de eso, todo lo clásico se obvia y se destruye, dejando paso paso a los nuevos conceptos de cine moderno.

★★★☆☆ Buena

Inland empire

Antes de nada, comenzaré mi particular visión de Inland Empire con unas palabras propias de su director, David Lynch, cuando buscaba financiación para terminar de rodar su última obra:

Les dije dos cosas, estoy rodando en video digital y no sé lo que estoy haciendo.

Con dos cojones Lynch; más sinceridad imposible. Y no contento con eso, terminó su argumentación diciendo:

Nunca vi una totalidad. Sólo vi hoyos. Un montón de ellos. Pero eso no me preocupaba. Se me ocurría una idea para una escena y entonces la filmaba. Se me ocurría otra, y la filmaba. Ni siquiera sabía cómo podían relacionarse entre sí.

Cierto es que tras Mulholland Drive, esperaba mucho otra vez del Sr.Lynch; y como siempre pasa en estos casos, lo esperado acaba decepcionando. Inland Empire posee una innegable potencia visual, desgarradora, oscura y siniestra. Es un espectáculo visual sin paliativos, aderezado todo con un toque de misterio y desesperación para que tu mente se retuerza e intentes sacar una explicación más o menos lógica de lo que está pasando. Pero al contrario que pasaba con Mulholland Drive, esa explicacion no llega nunca, o por lo menos yo no la supe ver. Pero ya lo he comentado más arriba en Mulholland Drive, esto es el universo Lynch, y Lynch no es Michael Bay, así que abandonen toda esperanza de concordancia en la obra. Si con Mulholland Drive, Lynch puso los cimientos de la nueva era del cine posmoderno, rompiendo todos los cánones de estructura narrativa hasta le fecha, con Inland Empire ha dado un paso más, ha engendrado un nuevo cine, ha elevado su idea original a la máxima potencia. Ha hecho lo que ha querido y como ha querido. Y ha querido hacerlo en unas extensas tres horas de duración, repartidas en una hora de más o menos lógica y dos horas de inconexas escenas (in)comunicadas por puertas que nos abren paso a realidades paralelas, a cambios en el espacio temporal donde se nos mezcla el ayer, con el hoy y el mañana. Cine dentro del cine, eso es lo que se nos propone pero alterando el concepto de realidad y mezclándolo hasta el infinito. Laura Dern, el pilar básico y personaje sobre el que se sustenta la película está sobrenatural, adaptándose a cada escena a la perfección, y cerrando una interpretación de lo más compleja y creíble. Simplemente genial.

Técnicamente es perfecta. Con una excelente imagen digital, con las virtudes y defectos que ello conlleva, nos regala una fotografía sucia y oscura, de textura granulosa e imagen artificial, pero que tan bien queda en todo el film. Gracias al digital, Lynch se permite jugar con la cámara a su antojo, deformar y adaptar la imagen de mil formas. Lo más llamativo en Lynch es la fuerza visual de sus imágenes, capaces de cargar de inquietud, misterio y hasta de miedo unos espacios angustiosos y opresivos. A lo largo del visionado, nos encontramos con cientos de primeros no, primerísimos planos donde podremos apreciar poros, manchas y cualquier tipo de desperfecto en la piel de los actores. Un montaje de luces, donde destacan el azul y el rojo (es Lynch) generando una sensación de proximidad inquietante con la protagonista. En resumen, excepcional película posmoderna de Lynch que rompe con todo y que gustará a sus fans más incondicionales.

Abstenerse personas amantes del clasicismo y de la narrativa básica con planteamiento, nudo y desenlace; aquí no hay nada de eso, todo lo clásico se obvia y se destruye, dejando paso paso a los nuevos conceptos de cine moderno. Le resto dos puntos con respecto a Mulholland Drive por su excesiva duración y por no haber entendido al 100% el mensaje que quería transmitir Lynch; aunque no tengo muy claro que él mismo lo sepa, y no se esté riendo ahora mismo de mí y todos sus fans. Aún así, bravo David.

publicado por Jaime Martínez el 3 febrero, 2008

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