Los fracasos y aciertos del remake de Zombie se deben, respectivamente, a sus ansias de homenajear a uno de sus ídolos y a la utilización de una historia ajena para escarbar aún más en su estética personal.

★★★★☆ Muy Buena

Halloween El Origen

A estas horas no quedará nadie (al menos de los visitantes de esta página) que no se haya acercado ya a Halloween (2007) de Rob Zombie, una de las películas más esperadas del 2007 y que finalmente terminó por estrenarse en España a principios de este año. El tratamiento que este director le ha dado a una de las cintas más celebradas de John Carpenter ha resultado ser bastante digno, si bien muy por debajo de lo que había logrado con sus dos películas anteriores. Los fracasos y aciertos del remake de Zombie se deben, respectivamente, a sus ansias de homenajear a uno de sus ídolos y a la utilización de una historia ajena para escarbar aún más en su estética personal.

Porque lo mejor de este nuevo Halloween, sin duda, es la primera mitad, en la que Rob Zombie utiliza la historia de los orígenes de Michael Myers y su locura psicópata para escribir otro capítulo en esa gran crónica del white trash que ya había esbozado con sus anteriores cintas. Ciertamente recurre a un montón de tópicos (padrastro abusivo, madre incapaz y un ambiente opresivo lleno de violencia y humillación), pero estos en ningún momento me han parecido exagerados ni explotativos; por el contrario, son perfectamente coherentes con el universo temático del director, destacando la imagen de ese niño andrógino cuyo placer por el sufrimiento ajeno es la única vía de escape a una realidad en la que él es siempre el más débil y tonto de los que le rodean. De allí la película evoluciona al pulso narrativo que se da entre Michael y el psiquiatra Sam Loomis (personaje que está aquí mucho mejor empleado y desarrollado que en la película original), un hombre que, al igual que el público, busca entender las razones del comportamiento de Michael y lo que se esconde tras su voluntad de matar. Con el pasar de los años esto probará ser una búsqueda estéril, y tras fugarse del manicomio donde le han encerrado (en una secuencia harto desagradable incluso para los estándares de Rob Zombie), Michael regresa a su antiguo suburbio de Haddonfeld a sembrar la muerte entre sus habitantes.

Es en esta segunda mitad donde la película de Zombie pierde gran parte de su fuerza; tal como se ha dicho en innumerables ocasiones, esta segunda mitad de Halloween no hace sino resumir la película original salvo ligeras diferencias (entre ellas un mayor número de bajas), con lo que cabría preguntarse qué ha sido de la delicada mirada introspectiva que el director nos había mostrado. Al final, tal como descubre Sam Loomis, resulta que la locura de Michael Myers no tiene explicación más allá de la violencia como única expresión posible de la emocionalidad. Pero aquí el director ha pecado de un gran exceso, porque no creo que sean necesarias dos horas de película para llegar a esa conclusión. Sin embargo, a pesar de estos fallos, hay que quitarse el sombrero ante la manera como Rob Zombie ha diseccionado el género slasher desnudándolo por completo y ofreciendo sus aspectos más básicos hasta el punto en el que el mismo asesino se quita voluntariamente la máscara para mostrar su veneración hacia la final girl a la que se enfrenta. También la relación con el sexo típica de estos psicópatas enmascarados tiene aquí su explicación: las chicas de esta película utilizan su sexualidad como un elemento de humillación y ridículo, empezando por la insoportable hermana mayor de Michael y terminando con las no menos exasperantes amigas de Laurie Strode.

Lo más interesante es que, con todo esto, Rob Zombie no está haciendo un homenaje al "mito" de Michael Myers, sino al contrario: lo está destruyendo, de la misma manera en que un niño destruye un reloj al que abre para ver cómo funciona. A eso se debe el largo prólogo explícativo de la máquina de matar y el hecho de que, a diferencia de la película de Carpenter, esta versión no deja abierta la posibilidad de una secuela (un detalle clave que la diferencia de prácticamente todo el resto del género). Al final, la carta de amor que Rob Zombie y sus amigos (es impresionante la cantidad de luminarias del terror y la serie B que se pasean por esta película) han escrito a la obra original de JC queda lastrada por un metraje excesivo y por una también excesiva reverencia al maestro (no sólo en lo que se refiere a la segunda mitad sino también al uso del tema musical original, que aquí parece no encajar demasiado bien), pero es sin duda uno de esos remakes buenos, uno que vale la pena ver para apreciar el trabajo de alguien que no sólo ha visto Halloween, sino que además lo entiende. Como siempre, habrá discrepancias en cuanto al resultado final, pero la diferencia es que aquí se aprecia el tono de un artista de verdad.

publicado por Hombre Lobo el 26 enero, 2008

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