Una pérdida de tiempo y dinero, que sólo gustará a los más incondicionales de los más incondicionales, y puede que únicamente si se engañan a sí mismos.

★☆☆☆☆ Pésima

Alien vs Predator 2

Allá por 1979 salió una maravilla de película de terror cuya principal virtud era que no se enseñaba al monstruo hasta bien avanzada la película. Casi diez años más tarde, Un aficionado a la caza intergaláctico hizo sudar la gota gorda al mismísimo gobernador de California mientras agitaba sus rastas al son de la música tribal de Silvestri. En el 2004, Paul W. S. Anderson, en su papel de paladín de la adaptación del videojuego al celuloide, trajo la primera entrega de este crossover entre bichos extraterrestres, versión que hice bien no viendo en el cine y esperando al DVD; cosa que no ha ocurrido con su continuación.

Cierto es que Cameron añadió un entorno más atractivo y espectacular a la historia de Alien (desarrollo de la Corporación Weyland-Yutani, toda la parafernalia de los Marines Espaciales…), que David Fincher aportó la visión subjetiva del Alien que tantas alegrías nos produjo a los que jugamos al videojuego Alien Vs. Predator y su secuela. También Jeunet hizo algo productivo por la saga… aunque ahora mismo no se me ocurre el qué, la verdad (bueno, Dominique Pinon en una silla de ruedas convertible en una recortada, puede resultar interesante- me dice mi voz interior, y yo lo rechazo con un gesto desvaído de la mano). Depredador 1, con el mismo McTiernan de La Jungla de Cristal a la cabeza, tenía su gracia. Y en la segunda parte de 1990, era curiosa, por decir algo. Incluso me atrevo a decir que AVP:Aliens Vs. Predator, la primera entrega de esta mini saga de dos películas (y espero que ninguna más), era entretenida. Pero el BODRIO con mayúsculas de los hermanos Strause, nos es más que un cúmulo de despropósitos, tópicos y estulticias una tras otra, en fila india, que se van desgranando según avanza la película y aumentan los bostezos.


A pesar de todo, esta película tiene su público. Sin ir más lejos, al salir de la proyección pude escuchar a dos personas elucubrando acerca de las características nuevas aportadas al universo de los aliens y los depredadores. Y hablaban emocionados, oye. Pero, no nos engañemos. Hay cine de verdad, cine palomitas (como lo llamo yo, que sólo sirve para pasar un buen rato), y engendros que nunca debieron de ver la luz de un proyector; ni siquiera la del flexo que usó el guionista al escribirlo.

Yo jugué a los videojuegos. Me puse en la piel de un Alien y de un Depredador. Y disfruté. Pero, señores Strause, esto no es un videojuego. Y tampoco una película de verdad.

Para empezar el guión no puede ser más obvio, tópico, típico y carente de sentido. Personajes acartonados sacados de la imaginería popular (el prota recién salido de la cárcel, el sheriff asustado, la guapa tonta…), subtramas que empiezan y acaban en una o dos secuencias, diálogos espantosos… Shane Salerno, que viene de la televisión y cuyo logro mayor parece haber sido colaborar en el guión de Armagedón (1998, Michael Bay), nos deleita con toda una sarta de tonterías inconexas desde el principio mismo de la película.

La música, para no variar en este tipo de producciones, es de lo más escandalosa. En lugar de apoyar la película, parece intentar competir con la imagen en cuanto a pretenciosidad y grandilocuencia. Estorba más que aporta, y uno tiene que hacer verdaderos esfuerzos de autocontrol al ver ensuciada parte de la música de Goldsmith y Silvestri de las películas originales, inscrita entre fanfarrias y golpes de platillo. Y eso que Brian Tyler, el compositor, tiene un par de trabajos interesantes, como Constantine y… y… y… Bueno, vale. Sólo Constantine. Y casi por los pelos.

Hablemos de la fotografía. Daniel Pearl opta por una iluminación notam de día, y oscura cual sobaco de grillo de noche. Y el 70% de la película ocurre de noche. Los momentos de lucha entre el depredador y los cientos de miles de aliens que parece que salen de pronto de ningún sitio se convierten en una sucesión de reflejos entre manchas negras y efectos de sonido, al contraluz de un enoooooorme Fresnel de tropecientos Kw para que se vea el agua de lluvia, que queda muy bonita. Es por los gritos que diferencias quién o qué aparece en pantalla. Será para echarle imaginación, y así, rellenar tú mismo los huecos -enormes huecos- de la película. Salido del mundo del videoclip, Pearl parece encontrarse perdido en el celuloide.

De la dirección de actores ni hablo. Es perder el tiempo hablando de la nada, y, como dice Natalia Mateo en Traumalogía, de Daniel Sánchez-Arévalo, "En la nada no hay nada, gilipollas".

En cuanto a la realización… ¡Uy, la realización! Los Strause, aparecidos desde el universo de los Efectos Especiales parece que no han visto más que los contenidos extra de los DVD de las grandes películas. Su realización es manida y carente de sentido. Quieren que se vea, pero no quieren contar nada con ella.

En fin, y resumiendo, una pérdida de tiempo y dinero. Una película salida de los estudios de mercado que sólo gustará a los más incondicionales de los más incondicionales, y puede que sólo si se engañan un poquito a sí mismos.

publicado por Sandavito el 15 enero, 2008

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