Una sublime obra maestra basa en hechos reales, a medio camino entre la ficción y el género documental.

★★★★★ Excelente

La boda de Tuya

Hace casi tres meses llegó hasta nosotros una pequeña gran obra maestra en forma de drama chino: La boda de Tuya. Flamante ganadora del Oso de Oro en la 57 edición del Festival de Berlín, desgrana las penalidades de una familia media en la enorme y árida estepa mongola del norte de China.

Precedida por su éxito internacional, esta película que, de otro modo, sería minoritaria, parece haber cosechado gran éxito en las salas, con lleno tras tres meses en cartel. No es de extrañar, puesto que Tuya, encarnada por la actriz Nan Yu, cuyo último trabajo que veremos será Speed Racer, de los hermanos Wachowski, y que lleva ganando premios internacionales desde 2001, realmente conmueve. Una mujer sincera que se ve sobrepasada por las circunstancias, que tiene que cuidar de su familia, en especial de su marido que quedó inválido en un accidente, recibe la noticia de que si sigue pastoreando su rebaño y cargando con peso puede acabar tan inválida como él. Es en ese momento cuando debe tomar la decisión más difícil de su vida: divorciarse del marido y encontrar otro hombre dispuesto a cargar con su familia y a mantenerlos a todos.



Ese punto de giro tan ajeno a nuestra sociedad, la inversión de los valores de la pirámide de Maslow aceptada tan fácilmente (son el propio marido y la cuñada los que la incita a buscarse a otro) uno de los muchos elementos que hacen tan sugerente y atractiva la cinta. Se trata de contar una vida y una situación sin artificios, sin dramatismos, con esa resignación y aceptación de quien sabe que si no encuentra otro marido, o no sigue cavando el pozo hasta dar con agua, morirá irremediablemente. Y aún así sigue adelante sin derramar una lágrima. Una trama y una película que recuerda a las películas de Zhang Yimou antes de que cayese en la megalomanía de sus últimas producciones, más en la línea de, por ejemplo, Ni uno menos, o El largo camino a casa.

La boda de Tuya tiene un esquema clásico de cinco actos y una realización simple y eficaz, con una cámara que ejerce más de testigo que del observador omnisciente al que nos tiene tan acostumbrado el panorama cinematográfico actual. Wang QuanAn logra transmitirnos la desolación de los enormes parajes y tratar a la vez temas tan delicados como la poliandria o una especie de prostitución matrimonial por la supervivencia, y que lejos del Happy Ending americano, y cada vez más europeo, nos recuerda que la realidad siempre supera a la ficción, y que después del Comieron perdices la vida sigue, y no siempre tiene que ser para bien (como magistralmente narra William Goldman en su novela La Princesa Prometida).




Una cuidada ambientación y unos personajes verdaderamente cercanos, muchos de los cuáles los interpretan verdaderos supervivientes de la estepa mongola, que aporta realismo, aderezada con una banda sonora preciosista, de esas que tanto se añoran últimamente en el cine, que no sólo no estorban, sino que enriquecen el conjunto, confirman la sinergia para crear una película que nadie debería perderse, una sublime obra maestra basa en hechos reales, a medio camino entre la ficción y el género documental.
publicado por Sandavito el 15 enero, 2008

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