Un film que me entretuvo sin problemas durante sus dos horas largas de película, pero que acabó dejándome sensaciones contrapuestas. Eso sí, ya me he hecho con la banda sonora.

★★★☆☆ Buena

Across The universe

Los Beatles gustan a casi todo el mundo. Si no todas las canciones, creo que todo el planeta podría nombrar una canción que disfrute del cuarteto de Liverpool, pues si no son el grupo más conocido de la historia de la música, les debe faltar muy poco. Por eso, entre tanto disco, tanta buena letra y tanta melodía, no es difícil conseguir unir una historia tirando de su discografía. Si le sumamos a esto buenos músicos y buenos intérpretes, conseguiremos una banda sonora digna de escuchar, pero, ¿conseguimos una gran película? Pues en este caso, debo decir que a mí me lo pareció tan solo a ratos.

“Across the universe” cuenta básicamente una historia de amor, pero contextualizándola en un punto de la historia Usamericana que le permite a la directora Julie Taymor (“Frida”) hacer un alegato contra la guerra, cargado de buenrollismo.

Todo empieza cuando Jude (nombre evidente si buscamos un protagonista masculino basado en canciones Beatleleras) decide abandonar su Liverpool natal, para ir en busca de un padre que nunca ha conocido, al otro lado del charco. Cuando llega se hace amigo de un típico gamberrete encantador y, con el paso del tiempo, encontrará en su hermana (Lucy, nombre igual de apropiado) el amor de su vida. Juntos vivirán grandes experiencias y tragedias, la guerra de Vietnam, la revolución sexual, las manifestaciones antibelicistas, las envidias y traciones en el mundo de la música…

La primera parte arranca de modo inmejorable, metiéndonos en la historia de Jude en su nueva vida, rodeado de sus nuevos amigos, pero hacia la mitad de la trama, la película toma los tintes psicotrópicos de los discos experimentales del cuarteto y se vuelve demasiado onírica para mi gusto. Con la entrada de un iluminado Bono (el de U2, no confundir con el político español) la película entra en un periodo paranoide de imágenes en negativo y distorsionadas y argumento de locura que corta un poco la línea general de la película. En ese momento se me hizo demasiado pesada e incoherente.

Pasada la experiencia con el LSD, la historia vuelve a su cauce primigenio, para acabar con una dosis de buenos sentimientos que, unido a la banda sonora, te deja con una irrefrenable sonrisa en los labios, ya que en ningún momento se mete en el drama de una forma desgarradora, sino que todo está tratado de manera suave.

De todas formas, el punto fuerte de la película, a parte de los Beatles en sí, son los actores; un puñado de gente joven, perfectos en sus respectivos papeles y muy solventes en las interpretaciones de las canciones. Evan Rachel-Wood, a la que había perdido la pista desde la enorme y angustiosa “Thirteen”, muy expresiva e inmensamente dulce, Jim Sturgess, el miembro británico del reparto (¿por qué no consigo pillar el inglés de los británicos?) y Joe Anderson, el macarrilla del grupo, una tríada de actores a los que habrá que seguir la pista, además de un puñado de grandes cantantes y cameos que engrandecen la película.

En definitiva, un film que me entretuvo sin problemas durante sus dos horas largas de película, pero que acabó dejándome sensaciones contrapuestas. Eso sí, ya me he hecho con la banda sonora.

Lo mejor: Evidentemente, la música, pero además, un puñado de actores jóvenes a los que hay que seguir la pista.
Lo peor: Una parte central demasiado onírica que corta la línea argumental de la película.
publicado por Heitor Pan el 13 enero, 2008

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