Cuenta, eso sí, con una efectiva construcción de personajes que hace que el espectador pueda conectar con los estados psicológicos de cada uno de ellos, aunque esto no llega a ser el vehículo adecuado para que el filme supere la tibieza y lo insulso

★★☆☆☆ Mediocre

Viaje a Darjeeling

La mirada ácida desde el interior de un tren que – de vez en cuando – asoma la cabeza al mundo de afuera para intentar ver algo más que el caos, el exotismo como subterfugio, la mística solo una superchería de los perdedores. El tren es el camino, metáfora de la vida, y así inicia y concluye la representación fílmica, con el tren que avanza hacia el destino incierto (incide claramente en el espíritu de la road movie tradicional) . Tres hermanos de sangre (que no de espíritu), Peter, Francis y Jack, recorren la India empezando y terminando en ninguna parte. Esa mirada de Wes Anderson , al subrayar lo patético de querer buscar la armonía y el sentido desde el caos y una cierta desvalorización postmoderna, empieza siendo absurdamente expresiva porque explora el vacío sin importar lo que pueda haber más allá de la maltrecha personalidad de los protagonistas.

Erróneamente, a medida que avanza el relato, Anderson introduce demasiada información en torno al conflicto entre padre, madre e hijos (inclusive la innecesaria secuencia retrospectiva). Al explicitar, el relato, hasta entonces muy bien sostenido en su tonalidad de comicidad absurda pero sosegada y accesible (es decir, que al fin y al cabo se mueve en el terreno de lo cotidiano), deriva hacia un retrato manierista sobre individuos inmorales en busca de la redención. Consideramos que hubiera sido más contundente mantener en mayor grado la suspensión del sentido de lo narrado, ganando así en una singularidad afín – y más coherente – con el concepto a desarrollar: cine de actos y gestos sostenidos sobre una idea de tragedia indefinida, el pálpito del dolor que se esconde tras la comicidad. Anderson, de partida, quiere ser sutil, pero termina cediendo a la tentativa de simplificar.

Este es un tipo de cine que recurre a la extravagancia del absurdo para no contar realmente nada, y desde esa nada expresar un pesimismo nihilista. Si nos fijamos en su estructura y en el esquematismo de sus formas tenemos una parábola descriptiva que se engarza en variadas secuencias y tópicos referentes al supuesto misticismo purificador del lejano oriente, planteando una disección del estado anímico y sociofamiliar de los tres hermanos mediante la incompatibilidad-tensión entre estos y el ambiente exótico de la India. La película, en definitiva, es un aglomerado de secuencias – en clave satírica – que reiteran el estado de desestructuración y vacuidad de los personajes respecto a sus semejantes y de estos en relación al entorno.

¿ Y hacia dónde desemboca el relato ?. El devenir del viaje termina dejando un poso de reconciliación de los hermanos entre sí y con la vida que les rodea, y queda mejor expresado en la secuencia de los tres hermanos a la carrera, liberándose del equipaje que hasta entonces los había acompañado, para finalmente poder subir al tren. Y entonces, contemplando el equipaje que se queda atrás (ambiciones, afectos y heridas del pasado ), los tres rostros dibujan una tímida sonrisa para acto seguido continuar la marcha hacia ninguna parte. Y es que – parece decirnos Wes Anderson – a pesar de todo, la vida puede ser deliciosamente absurda.


La incoherencia entre el trazo sutil de la caligrafía (puesta en escena, montaje, fotografía, paisajes y silencios) y la simpleza que finalmente resulta a nivel de contenido global (descripción esquemática de una desestructuración y posterior redención familiar) hace que la mirada de Anderson termine diciendo muy poco en relación al potencial dramático y evocador que esconde su comicidad y sus formas. Cuenta, eso sí, con una efectiva construcción de personajes que hace que el espectador pueda conectar con los estados psicológicos de cada uno de ellos, aunque esto no llega a ser el vehículo adecuado para que el filme supere la tibieza y lo insulso de su desarrollo. En cine, ser sutil no significa reducir las posibilidades del contenido a un esquema que representa lo más obvio, para luego decir – y valga esta redundancia – lo más obvio.
publicado por José A. Peig el 12 enero, 2008

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