El invisible harvey
Ahora está de mucho revuelo ésta obra de Henry Koster ya que se ha corrido la voz de que Steven Spielberg está preparando el remake con Tom Hanks en el papel que James Stewart bordó en gran manera. Y sí, me parece que éste papel le viene al pelo a Hanks. Aunque por otra parte he de ridiculizar un poco la opción de Spielberg. La poca imaginación hace mella y el recurso más rapido es el Remake.
Volcándonos sobre la original del 50, he decir que es simplemente magnífica a la par que entretenida. Y claro, mas trabajo para James Stewart, el santurrón de Hollywood, haciendo un papel complicado, haciendonos creer que tiene un amigo, que es de verdad y que sin embargo nadie lo ve. Y ya, para qué decir que su amigo es un "Pooka" con forma de conejo de dos metros!
Podemos notar el claro parecido y homenaje de Donnie Darko con Harvey. Es total y claro.
Es una película sencilla pero genial. Sus primeros cuarenta minutos son la mar de graciosos, como la escena en la que entra el personaje de Stewart, Elwood P. Dowd, a casa de su hermana, justo cuando están celebrando una fiesta femenina.
Lo que más se resalta es la bondad. Y es que Elwood cae bien a todo el mundo. Sin excepción. Es un hombre honrado, amable y antetodo bondadoso. A cada cual lo invitaba a cenar y le daba su tarjeta. Por eso, el momento final donde el taxista le dice a la familia que si le inyectan el suero para hacerle olvidar, de seguro ya no será el tipo que ha sido siempre a pesar de sus excentridades.
Es memorable este film, repito, porque James Stewart brilla por su simpatía. Cae bien hasta al espectador. Y ése es el proposito. Desde luego, lo consigue y hace que el papel de Elwood P. Dowd sea uno de los mas entrañables de la historia del cine. Tom Hanks tiene un gran reto.
Pero… ¿Es Harvey producto de su imaginación o es real? Bueno, los que habeis visto el film, de seguro ya lo sabeis. Os dejo en la duda para aquellos que aún no habeis visto éste clásico necesario, entretenido, ameno y antetodo simpático.
La Frase: "El caso es que continué a pie por la acera y en esto oí una voz que decía "Buenas Noches Señor Dowd". Yo, me volví enseguida y vi un conejo de un par de metros de estatura apoyado en un farol. Confieso que la cosa no me extrañó, porque cuando se ha vivido tantos años en una ciudad es natural que todo el mundo conozca el nombre de uno"(Elwood P. Dowd)