El caso es que ésta película nunca deja indiferente, da igual que la hayas visto una, siete o mil veces. Me siguen desgarrando los gritos y la personalidad de la Magnani, el interrogatorio al Ingeniero, la monstruosa frialdad de la cúpula nazi y, sob

★★★★★ Excelente

Roma Ciudad Abierta

Hay veces que un grito supera el lenguaje, se convierte en un símbolo de tal fuerza que no hay palabras para describirlo. Anna Magnani regaló al cine el mejor de todos (ver abajo), es como el de Munch hecho cine. Es curioso que las dueñas de los dos gritos más famosos del cine clásico, y que me perdonen los puristas si me dejo alguno, mueran a mitad de la película, tanto Magnani aquí como Janet Leigh en “Psicosis”.

Pero hay mucho más aparte del desgarrador “!Francesco, Francesco!”. La actuación de Aldo Fabrizi como padre Pietro (basado en un hecho real) estremece casi tanto como el grito de Anna Magnani. Nada de lo que dice en la película tiene desperdicio, deberían sacar un libro sólo de sus frases, escritas ex aequo por dos genios como Rossellini y Fellini. Cuando le veáis en alguna película cómica, más o menos el 90% de su filmografía, comprenderéis que pedazo de actor era este hombre.

Ya sé que el mundo ha conocido héroes con sotana pero, como dice él mismo, es su deber ayudar a los desprotegidos. Quizás en vez de tantas manifestaciones en favor de la familia, oropeles, economatos, encíclicas y sucias maniobras de gente como Rouco Varela debieran exportar más la imagen de aquéllos que viven en medio del horror del hambre, la enfermedad, la guerra y el sufrimiento. Los otros, los que lo vadean y se dedican a dogmatizar sin conocer qué es el mundo real no hacen más que denigrar los ideales de héroes anónimos y propiciar que cada día menos gente los tome en serio. Siento decir esto, señores de las altas jerarquías del clero, pero hizo más Aldo Fabrizi en hora y media que ustedes en veinte siglos. Ustedes sigan mamando de las ubres del poder; y los que pertenezcan a “la otra iglesia”, la que de verdad ayuda a la gente, perdónenme si les he ofendido. No era mi intención ofenderles ni a ustedes ni a su credo.

Dejando las cuestiones extraterrenales, es ineludible señalar ésta película como la pionera (junto con “El limpiabotas” de Vittorio de Sica) de un cine que puso la cámara a ras de suelo, retratando la realidad y el sufrimiento y dejando de lado cualquier atisbo de glamour y sofisticación. Aquí nació el Neorrealismo, que aún hoy en día sigue sacando las mejores películas, sí, ésas que nadie ve de Irán, de la India, de Rusia, … Películas que evitan que el cine se nos suicide a base de caspa y productores más interesados en su colección de Cadillacs que en hacer algo provechoso. Ciertamente, el mundo sería aún peor si no hubiese existido el Neorrealismo.

Al igual que en casi todas las películas neorrealistas italianas los actores no son profesionales (exceptuando a Magnani y a Fabrizi), lo que también debería avergonzar a mucha estrella mediática tanto de sus tiempos como de ahora. Cuando vi “Ladrón de bicicletas” no me pude creer que no fueran profesionales, de verdad. Quizás sea verdad el carácter teatral italiano, quién sabe.

El caso es que ésta película nunca deja indiferente, da igual que la hayas visto una, siete o mil veces. Me siguen desgarrando los gritos y la personalidad de la Magnani, el interrogatorio al Ingeniero, la monstruosa frialdad de la cúpula nazi, las revelaciones etílicas del general tirando por tierra los ideales de la raza aria y, sobre todo, el padre Pietro.

Después de ver ésta película, Ingrid Bergman escribió a Rossellini: “Querido señor Rossellini: he visto sus films “Roma, ciudad abierta” y “Paisà” y me han gustado mucho. Si necesita una actriz sueca que habla muy bien el inglés, que no ha olvidado el alemán, que puede hacerse comprender en francés y que en italiano solo sabe decir ti amo, estoy decidida a venir a Italia a trabajar con usted”. Demasiada modestia para una actriz que estaba en la cima después de haber triunfado con “Luz que agoniza”, “Casablanca”, “Recuerda”, “Encadenados” o “¿Por quién doblan las campanas?”.

El resto de la historia ya la conocéis: fin de la época Magnani, escándalo mundial y Bergman como musa y mujer del genial cineasta que, aunque no llegó más a la altura de “Roma, ciudad abierta” (era casi imposible), dejó obras maestras como “Strómboli” o “Te querré siempre”.

publicado por Javier Martínez el 2 enero, 2008

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