Admito que tanto la animación (entre los actores y sus homónimos animados hay un cuidado parecido) y el Score de Alan Menken, ha sido de lo poco que me ha gustado la cinta; donde, ni brilla Susan Sarandon (aparece tan poco en pantalla que uno casi se olvida que forma parte del reparto), Patrick Dempsey, James Marsden y Timothy Spal, como siempre (estos 2 últimos, hasta en la sopa de verlos), tal vez, salvaría la frescura de Amy Adams, perfecta en su papel de estúpida y bobalicona princesa Disney, así como la simpática ardilla digital, y es que, en películas Disney, los efectos especiales, aunque cuidados, están a la orden del día.
Imagino que Disney, viendo lo bien que ha funcionado la película en taquilla (de donde el 50 % son de acompañantes consortes…), hará una secuela, una línea de juguetes y 150.000 productos de merchandising, y es que, otra cosa no, pero en la casa del ratón Mickey, vender las películas es lo mejor que saben hacer.
Por otra parte, me encanta ver como la ciudad de New York, una vez más (que bien venden la ciudad, cohones!!) se convierte en un personaje más de la película, ¿por qué no tomarán ejemplo en otros lugares del mundo?
En fin, ellas disfrutarán, nosotros aguantaremos, y ya tendremos otra cinta más de la que hablar en navidad ¿verdad?
Lo mejor: Amy Adams, y los efectos especiales, además de la partitura de Menken.
Lo peor: AGHHH!!! Es tan dulce que hace que se te piquen las muelas.
