Formidable comedia sobre las complicaciones en una relación. Maurice Chevalier es el mejor detective privado en París, la ciudad del amor. Su hija, Ariane (Audrey Hepburn), vive fascinada con el glamoroso mundo de los amores ilícitos que conoce al dedillo a través de los archivos de su padre.
Un día Chevalier informa a un cliente que su esposa lo engaña con el magnate Frank Flannagan (Gary Cooper) y el hombre sale en su busca para matarlo. Ariane decide prevenir a Flannagan sin explicarle los motivos, dejándolo fascinado por el misterio. Aprovechando sus conocimientos de la vida de los playboys, Ariane conquista al mujeriego Frank haciéndole creer (y sufrir) que es un chica tan experimentada y calculadora como él. Atrevida para su época, en esta película Wilder critica la doble moral de una sociedad que entroniza la monogamia pero vive pendiente de los secretos de alcoba de los famosos.
Previniendo problemas con la censura, imágenes de un bosque solitario aluden espléndidamente el encuentro sexual entre los amantes. Quizá para el público de hoy la diferencia de edades entre Cooper y Hepburn sea algo difícil de digerir pero, recuerden, eran los cincuentas. Ser un playboy tomaba sus años.
