Excelente en su mitad, imposible de tomar en serio en su segunda, Abierto hasta el amanecer es una road-movie vampírica, un chiste de noventa y pico minutos…

★★★☆☆ Buena

Apoteosis cafre del cine gore en su tramo último, cínica y hasta pasablemente adulta en su arranque, Abierto hasta el amanecer es un ineficaz thriller de orientación vampírica que ofrece testosterona a raudales y manifiesta su convicción de cine pulp en la orgía visual de su coda sangrienta: La Teta Enroscada, un garito en mitad del desierto fronterizo en donde los monstruos tocan tex-mex, beben como cosacos y fagocitan el alma de camioneros y moteros a base de colmillo feroz y dentellada mórbida. Es ahí en donde el film pierde todo el fuelle que ganó en su inicio. Aquí Tarantino garabatea su apocalíptica visión de la realidad, trufada de cómics y serie B y Z, homenaje al giallo y a sus cineastas de cabecera – desde Peckinpah a Scorsese, pasando por Samuel Fuller o Sergio Leone -, aunque legue el aspecto técnico a Robert Rodríguez, cómplice iconográfico absoluto (hermandad continuada en la reciente dupla Death Proof- Planet Terror).
Abierto hasta el amanecer puede llegar a aburrir: se trata de comulgar con el despiece, de dejarse contaminar por la tropelía de miembros amputados y vísceras untadas de bourbon. En lo demás, en su versión light, en el formidable arranque, la cinta es una hipnótica road-movie de personajes soberbiamente pincelados (el pastor descreído, la hija fascinada por el mal, la violencia de los hermanos Gecko, Tarantino y George Clooney en estado de gracia). Se acaba la diversión (al menos para este reseñista digital) cuando acuden al antro donde la cuadrilla de vampiros empinan el codo y degüellan almas inocentes caídas en desgracia. Tal vez sea ésta la parte que entusiasme a los forofos tarantianos, entre los que me tengo, pero lo que en otras ocasiones es sana desparrame y autoparódico gag, aquí no lo es. Sobresale, cómo no, el diálogo: Tarantino es un guionista formidable, aunque – como sabemos – no ha dejado de escribir el mismo libreto desde que hocicó en el star-system con su rupturista e hipnótica Reservoir dogs (1992).
Salma Hayek enseña carne lúbrica en un lascivo baile de blues fronterizo que ha creado escuela, serpiente a modo de bufanda incluída.
Lo mejor: Los diálogos de su primera mitad: Tarantino puro. Salma Hayek en sus cuatro minutos de mórbida y promiscua gloria.
Lo peor: Las vísceras, el orgiástico epílogo.
publicado por Emilio Calvo de Mora el 10 diciembre, 2007

Enviar comentario

Leer más opiniones sobre

Desde 2005 muchocine es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.