La habitación de Fermat es una película con muy buenas intenciones pero cuyo resultado final no llega a ser del todo satisfactorio, si bien tampoco resulta un insulto a nuestra inteligencia ni nada parecido.

★★★☆☆ Buena

La habitacion de Fermat

Tras haber pasado por el Festival de Sitges, llega por fin a nuestras pantallas La habitación de Fermat, ópera prima del tándem formado por Luís Piedrahita y Rodrigo Sopeña, protagonizado por Alejo Sauras, Elena Ballesteros, Santi Millán, Lluís Homar y Federico Luppi.

En ella, cuatro matemáticos son invitados por un tal Fermat a una reunión en la que éste los reta a descifrar el problema matemático más complejo jamás concebido. Presa de la curiosidad, los cuatro estudiosos serán llevados a un granero abandonado, en cuyo interior se encontrarán con Fermat, quien antes de exponer su enigma deberá marchar a toda prisa en dirección al hospital en el que se encuentra ingresada su hija. A partir de ese momento, los cuatro invitados comenzarán a recibir problemas matemáticos a través de una PDA, con un minuto de tiempo para resolverlos. Si tardan más, las paredes de la habitación en la que se hayan encerrados comenzarán a menguar hasta aplastarlos.

He leído críticas y comentarios bastante duros sobre La habitación de Fermat y, la verdad, tampoco creo que sea para tanto: a pesar de que no se trata de ninguna genialidad, ni mucho menos, debe reconocerse su ingenio, en lo que podríamos considerar como una mezcla de películas como Cube o incluso Saw con una atmósfera a lo Cluedo, Un cadáver a los postres, o lo que es lo mismo, a lo Agatha Christie.

En primer lugar, cabe decir que La habitación de Fermat transcurre de un modo muy dinámico, sin pretensiones, con un ritmo que, a pesar de no llegar a ser trepidante ni mucho menos, sí que podríamos catalogar como ameno. En segundo lugar, me parece bastante acertado que sus creadores se hayan decantado por exponer problemas matemáticos simples pues, por un lado, el planteamiento de unos enigmas indescifrables no habría facilitado la complicidad de un espectador que trata de resolverlos y, por otro, su simplicidad juega en contra del propio conocimiento de los personajes, ubicados en un escalafón intelectual muy superior al de dichos enigmas.

Por contra, uno debe reconocer que el desenlace de La habitación de Fermat, pese a no llegar a resultar frustrante, sí que puede desmerecer al resto de la película, en una sucesión de hallazgos y acusaciones cuyos cabos se van atando a un ritmo exponencial hasta llegar a la conclusión final; por otro lado, uno de los mayores pecados de la película es el desaprovechamiento de los actores o, mejor dicho, sus líneas de diálogo, con las que ninguno de ellos parece creerse del todo su papel, y que distan mucho de evocar el perfil de un superdotado para las cifras. Y es que los personajes de La habitación de Fermat podrían pasar por cualquier cosa menos por eminencias, pues en ningún momento nos obsequian con un atisbo de genialidad o con una mirada inspiradora, por lo que su credibilidad resulta inexistente para el espectador. A eso, añadidle un par de chistes bastante fuera de lugar que, a pesard e resultar graciosos algunos de ellos, no tienen cabida en una teórica trama de suspense.

Así que, resumiendo, La habitación de Fermat es una película con muy buenas intenciones pero cuyo resultado final no llega a ser del todo satisfactorio, si bien tampoco resulta un insulto a nuestra inteligencia ni nada parecido.

Como dirían algunos, en peores plazas hemos toreado.

Le doy un 5’5 sobre 10.
publicado por Oscar Martínez el 19 noviembre, 2007

Enviar comentario

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.