Surrealismos aparte, Nacho Vigalondo debuta con un pequeño mecanismo de relojería que atrapa, sobre todo, por su cuidadísimo guión. Tan delicado es el equilibrio de la historia que cuenta que, como lleva advirtiendo su propio director desde hace ya algún tiempo, el mínimo desliz a la hora de escribir una impresión sobre la película afecta a la pequeña gran sorpresa que es asistir a su desarrollo. Por tanto, por una vez me permito no extenderme en lo narrativo: ‘Los Cronocrímenes’ cuenta el tremendo viaje que emprende Héctor (un alucinado Karra Elejalde, en estado de gracia) cuando decide investigar un extraño suceso en el bosque que rodea su casita de campo. Hay más, por supuesto, pero es mucho mejor descubrirlo con Héctor.
Vigalondo parte desde un planteamiento minimalista (unos cuantos actores, un puñado de localizaciones y poco más) y sorprende al espectador con una historia que ya hemos visto, sí, pero que pocas veces se nos ha contado de un modo tan coherente. El trabajo de dirección está bastante cuidado, sin llegar a ser espectacular. De hecho, la sobriedad (otros lo llaman pobreza, pero es tan sólo falta de dinero) de la producción juega incluso a favor de un desarrollo oscuro y claustrofóbico. La escasa música que se utiliza está incluida con muchísimo acierto, y la oscuridad de los planos nocturnos y de exteriores (fruto de un presupuesto seguramente inferior al de ‘El Orfanato’) ayuda a entender el clima opresivo que envuelve a Héctor desde muy pronto. ¿Se podría haber hecho mejor? Con más dinero, sin duda; con el mismo, difícilmente.
En el apartado de interpretaciones tenemos a una sobria y efectiva Bárbara Goenaga; a una Candela Fernández que no molesta, pero tampoco enamora; y al mismo Nacho Vigalondo interpretando un personaje clave de la película, gesto valiente (y habitual en él), pero que a ratos le quita algo de potencia al resultado final. Por suerte, ‘Los Cronocrímenes’ entera gira en torno a Karra Elejalde, y éste aguanta sin problemas el peso de la historia.
¿Algún defecto? La verdad es que se le puede pedir poco más a una ópera prima española y de género, pero yo me atrevo a decir que esperaba un final… vaya, que preferiría otro final. Es horroroso esto de no poder contar nada sobre una película.
Debut triunfal de Nacho Vigalondo en su paso al largometraje, en todas partes menos al otro lado de los Pirineos. Por mi parte espero con ansia, por una vez, el remake americano. Habrá más medios, el mismo director, la misma historia y, a lo mejor, consigue un taquillazo en su país de origen. Un 8.
Lo mejor: La momia rosa, otro icono para el cine fantástico español. El diseño de producción, que suple el dinero con imaginación. Bárbara Goenaga. La frescura que desprende el conjunto.
Lo peor: Para mí, el final y Nacho Vigalondo, que a veces está hilarante, pero a veces flojea.
