La Luna en Botella es una propuesta fresca e innovadora dentro del cine español, una historia profundamente bohemia salpicada por toques de realismo mágico y de surrealismo.

★★★☆☆ Buena

La Luna en Botella

Hacer una película en este país es una empresa realmente arriesgada y complicada. Muy pocos son los cineastas noveles que llegan a conseguir la financiación necesaria para realizar su obra, aunque las desdichas no acaban aquí. Porque si es complicado hacer una película, que ésta llegue a verse puede ser un trabajo digno de Hércules.

Y si no que se lo pregunten a Grojo, cuya ópera prima, La Luna en Botella, va a salir con menos de una tercera parte de las copias con las que iba a partir en principio. Una vez escritas estas líneas como una forma de protesta ante el trato que ha recibido la cinta (como le ocurre a Nacho Vigalondo y sus Cronocrímenes sin ir más lejos), hay que decir que La Luna en Botella es un film atípico dentro de los esquemas que sigue el cine (no sólo el español) en la actualidad. Se trata de una historia alegre,  profundamente bohemia, que transmite una gran libertad a todos aquellos que la ven.

Eso sí, para poder disfrutarla el espectador debe dar un salto de fe y sumergirse sin prejuicios en el universo tan particular que nos propone Grojo. Evidentemente el film está repleto de referencias, guiños y homenajes, que van desde Manuel Gutiérrez Aragón al gran maestro Fellini. La estética y la ambientación de la película, entre lo que destaca especialmente la música de René Dupéré, está muy lograda y colabora a transmitir esa alegría bohemia que desprende el film. Por poner algún punto negativo, quizás el final deje a más de uno ligeramente descolocado, y lo cierto es que Eduard Soto no está a la altura del excelente grupo de actores por los que está rodeado.

La Luna en Botella es una propuesta fresca e innovadora dentro del cine español, una historia profundamente bohemia salpicada por toques de realismo mágico y de surrealismo. Y es una película que reconforta y devuelve la ilusión, y nos hace creer en las utopías cósmicas aunque sólo sea durante hora y media.

        

     

     

  

Lo mejor: Su ambiente bohemia y mágico.
Lo peor: Eduard Soto baja notablemente el nivel interpretativo de la película.
publicado por Francisco Bellón el 16 noviembre, 2007

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