Una comedia juvenil que se ríe de la adolescencia para hablar de ella con gran sensibilidad.

★★★★☆ Muy Buena

Supersalidos

No era fácil imaginar una revisión del alma beat a través de los nuevos iconos frikis, y mucho menos conjugar con acierto la tosquedad testosterónica de una comedia adolescente con un viaje iniciático que divierte a la vez que, en verdad, comunica la esencia de una tragedia underground. En las últimas semanas habíamos recibido “avisos” de que había llegado a las carteleras una obra de arte disfrazada -con mucha inteligencia – de comedia tontorrona para mentes planas, despertando mi -hasta ese momento – nulo interés por esta criatura. Tras el visionado y la puesta en común pensamos que no hay que darle excesiva trascendencia a un producto diseñado para la diversión de los púberes pero que, piano piano, termina clavando una hiriente estocada en el corazón de gran parte de los espectadores adultos.

Decir que la película constituye una profunda crítica a nuestra sociedad o que esconde la protesta contra (nuestra) cultura del botellón, o que tiene suficiente potencial como para renovar no solo un género cinematográfico, sino el mismo estilo de vida de nuestras jóvenes generaciones, ensombrecidas entre la pérdida de valores y la desesperada huida hacia delante a la que se ven obligados en un mundo que ha desvirtuado la jerarquía y el respeto a los mayores. La única alternativa – si ya no puedes crecer en compañía de padres y maestros – es buscar la identidad y el autodescubrimiento aprendiendo a sobrevivir en un mundo hostil, a la deriva junto con la confusión imperante (!Qué asco de mundo¡). Los guionistas usan el tono satírico para reflejar nuestra sociedad. Pero esa sociedad que vemos representada en la pantalla no es la sociedad real, sino la caricatura hiperbólica que aglutina algunos factores de gran relevancia en la vida del adolescente que vive en una sociedad (post)moderna y tecnificada.

Si bien es cierto que el trazo delirante con el que los guionistas construyen los perfiles de los personajes y las situaciones no permite elaborar una fiel reproducción de la sociedad, la enérgica construcción de los diálogos da pie a que el director Greg Mottola utilice las posibilidades expresivas de la sátira aplicada al universo afectivo y obseso-sexual del adolescente para hablar de la sociedad. Lo que la diferencia, por tanto, de las comedias adolescentes sin contenido ni mérito artístico alguno, es que aquí utiliza en el estrato principal la figuración – con la que el público puede pasar un rato desternillante – para desarrollar (en un texto implícito) un proceso de despertar; el despertar de la sexualidad, descubrir el valor de la amistad en toda su amplitud de afecciones, descubrir que en la vida no siempre serás apreciado por lo que eres, sino por lo que aparentas ser, o el “placer” de quebrantar la ley y el orden ( en una de las escenas más controvertidas, vemos la exaltación y el jolgorio ante la visión de un coche de policía ardiendo a base de litrona y balazos…luego volveremos sobre ello.)

El alma de los tres protagonistas es un alma beatnik , perdedores que se inmiscuyen en una loca carrera nocturna en busca del afecto (no sabemos si a Jack Kerouac le gustaría esta película, pero sin él no existiría). Concretamente, el personaje conocido como Seth (Jonah Hill), es el nerd púber equivalente a Dean Moriarty, bocazas pordiosero que esconde, en el fondo, la tristeza del desamparado. Fogell es el arquetipo freak que sostiene toda la tensión en el enfrentamiento con el mundo al que es extraño tanto como el mundo lo es para él. Evan, contrapunto del chico inteligente y normal. Tres muchachos sin amigos y sin ningún éxito social. Y no obstante, una de las cosas que aprenderán al final del camino es que no es lo mismo tener éxito social que ser amado y que, a veces, hay que elegir entre dos caminos. Que el alcohol facilita el encuentro sexual, pero desvirtúa la expresión sincera de sentimientos. O que nunca conociste a tu mejor amigo tanto como en los momentos cruciales.
Se diría que esta película no tiene guión. Las interpretaciones son de una transparencia inesperada porque los actores se interpretan a sí mismos, habiendo entendido a la perfección el rol desempeñado, cada uno de los tres contribuye a la excelente construcción de personajes, representando sentimientos y contrariedades que conciernen a la inmadurez por la que todos, en mayor o menor grado, hemos pasado.



Mención aparte para el par de policías que acompañan a Fogell en su travesía de descubrimientos, los cuales sostienen la mayor parte de la carga satírica y son el elemento que rompe las reglas. En la escena clave, Fogell, con la complicidad de los dos policías y tras una delirante escena que deviene en exaltación de la conducción temeraria, contempla el coche patrulla ardiendo. Y, acto seguido, sostiene en sus manos su primera pistola como si de un rito de paso se tratara. La conclusión de la escena, con Fogell emocionado ante la visión del fuego que consume al coche, es el momento que mejor ejemplifica la naturaleza heterodoxa del filme; sí, camaradas, una comedia tontorrona no resolvería la escena con esa crudeza, ese silencio final… (nos comentaban que el muchacho sentado en el sillón contiguo hizo la lógica predicción, pensando que estaba viendo una película al uso: ahora verás, dispara y se cae de culo).

Perdonen el “comodín”, no puedo evitarlo. Digamos que, tras esa sonrisa, hay una lágrima. ¿Exaltación de la violencia?. ¿Son Seth, Evan y Fogell un fiel retrato de lo que está sucediendo en la realidad?. ¿Nos preocupa la incipiente violencia juvenil?. Sabemos, al menos, que Fogell se va convirtiendo en "hombrecito" según aprende a pegarle caladas al cigarrillo, divertirse con la conducción temeraria, pegarle fuego a un coche y posteriormente acribillarlo sin que le tiemble el pulso… ¿Necesitan nuestros adolescentes hacer estas cosas para sentirse amados?. Sí, y mejor aún si te despides de tus compañeros de juerga con las manos en las esposas acompañado de dos polis que te llevan a la comisaría.


Para terminar, es la forma tan precisa y natural de visualizar las situaciones lo que hace que los personajes tengan ese impacto emocional desde la base de la sencillez, de las cosas que son reales como la vida misma; el plano final de la escalera mecánica que desciende mientras Seth va perdiendo de vista a su mejor amigo, como esperando a que suceda algo que interrumpa el adiós. Pura y simple amistad, sentimiento homosexual, o una constante en las vidas de todos los que saben que crecer es decir adiós a muchas cosas que amas.


En cualquier caso, una mirada triste y entrañable al mundo de la adolescencia y de los inadaptados y, quizá también, crítica a los dogmas que definen el éxito social en edades tan cándidas: beber alcohol para ser mas “guay“, hacer gala de algún tipo de violencia contra las fuerzas del orden y contra la ley para ser más “interesante“, el prejuicio que obstaculiza la correcta comprensión de la amistad y las relaciones sexuales en una comedia juvenil que se ríe de la adolescencia para hablar de ella con gran sensibilidad.
publicado por José A. Peig el 13 noviembre, 2007

Enviar comentario

Leer más opiniones sobre

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.