‘Supersonic Man’ es la respuesta española al ‘Superman’ de Richard Donner, perpetrada por Juan Piquer Simón, pilar fundamental del fantástico cañí.

★★☆☆☆ Mediocre

Supersonic man

‘Supersonic Man’ (1979) es la respuesta española al ‘Superman’ de Richard Donner, perpetrada por Juan Piquer Simón, pilar fundamental del fantástico cañí. Hay que decir, en su favor, que con los cuatro duros que tendría de presupuesto Piquer consigue un exploitation más que digno, porque reúne todos los ingredientes que su famosa copia americana, incluso superándola a veces:

– Superhéroe: por supuesto. Supersonic Man va de rojo y azul, vuela, le rebotan las balas, levanta tractores… es más, hace desaparecer cámaras de vigilancia, camiones, y ¡convierte las pistolas en plátanos! ¡Muérete de envidia, Kal-El! Además, su único punto débil no lo llegan a mencionar, con lo cual con un puñado de kryptonita hasta yo podría derrotar a Superman, pero ni de coña me arriesgaba a ser convertido en plátano por Supersonic Man.

– Supervillano: OK, Lex Luthor mola. Pero aquí tenemos al diabólico Doctor Gluk (Cameron Mitchell), que secuestra al profesor Borgen para que le ayude a convertir su rayo láser en RAYO DE LA MUERTE. Por desgracia, Gluk está tan seguro de que el profesor colaborará que no se molesta ni en torturarle, ni en hipnotizarle, ni nada. Se limita a insultarle durante toda la película, insultos que Borgen aguanta heroicamente. Eso sí, Gluk tiene pelo de verdad.

– Ejército malvado: Lex Luthor se encuentra demasiado solo en su lucha contra Superman. En cambio, Gluk hace gala de un despliegue de tropas digno de Saddam Hussein. Sus soldados llevan unas armas capaces de volver verde a la gente, y aunque no parecen muy letales hacen un ruido chulo al disparar. También tienen un camión con una etiqueta de "lavandería", para operativos especiales, y por supuesto, la joya de la corona: el superrobot, que asa, gasea, lanza cohetes (dos) tierra-aire, y tiene hasta una webcam para que Gluk crea que está jugando al Doom. Quizás los movimientos no son muy fluidos, pero ¿a que Luthor no tenía uno?

– Identidad secreta: Kal-El viene de Krypton, es criado como Clark Kent y trabaja en un periódico, parapetado tras unas tristes gafas. Es un patoso e inseguro, en su vida privada. Supersonic Man, en cambio, es Kronos, un tipo con máscara al que resucitan en una nave para llevar a cabo una peligrosa misión: que los terrícolas no destruyan el universo a fuerza de parir genios del mal. Kronos (Michael Coby) baja a la tierra y adopta la forma humana de Paul a secas (mucho mas secreto que Clark Kent), un tipo con bigote y chaleco de punto que es capaz de decir que es detective privado, invitar a cenar a la chica e incluso intentar beneficiársela ¡la primera noche! Además, no necesita cabina para cambiarse, le basta con hablarle a su reloj digital Casio. Y para colmo, no se corta a la hora de volar hasta el restaurante más próximo y agenciarse dos botellitas de champán si la señorita lo pide. Y además, dato muy importante, ÉL MISMO SE HACE LLAMAR SUPERSONIC MAN, no como Superman, que es un hype mediático.

– La Chica: aquí, la verdad, poco que decir. Superman enamora a Lois Lane como lo que es, un superhombre. Supersonic Man, en cambio, se liga a Patricia Borgen (Diana Polakov) con sus artimañas más mundanas (miente, la invita a cenar, un bailecito lento…). Además, Patricia no da la impresión de ser la chica más virtuosa del planeta: a) Le piden un rescate de 5.000 míseros dólares y todavía se lo piensa; y b) Mientras su padre está secuestrado, ella se dedica a zorrear con Paul, el "detective privado".

– La música: si la fanfarria de Superman es uno de los grandes temas de John Williams, el ‘supersonic man’ que componen Peguri/Izaguirre/Attias (los Stock/Aitken/Waterman del dance hispano, por lo que a mí respecta) es un llenapistas que ya quisieran para sí Jamiroquai o los Boney M. Todo ritmo y cuatro palabras mal contadas conforman la pegadiza melodía que suena cada vez que Supersonic Man surca el cielo de Alicante, con foto de NY detrás (ver "cómo se hizo" en la página de Juan Piquer, no tiene desperdicio). Aquí dejemos la cosa en empate técnico.

Total, que la película es lo que es, una oportunidad para Juan Piquer de dar a la gente lo que pide, a cambio de un puñado de dólares. Y cumple su misión, como Supersonic Man. Después de este título vendrían clásicos del gore patrio como ‘Escalofrío’, ‘Mil gritos tiene la noche’, ‘Slugs’ o ‘La Grieta’. Y además, una serie de adaptaciones de relatos de Julio Verne (‘Misterio en la Isla de los monstruos’, ‘Los diablos del mar’). Antes de lanzarse a la crítica destructiva, recomiendo visitar la página de éste auténtico hombre de cine. Que pocos directores españoles han trabajado con gente de la categoría de Peter Cushing y Terence Stamp. Y a mí me ha parecido un digno subproducto: para superhéroes, los españoles, qué coño. ¡Visça Superlópez!

Y un último dato: ‘Supersonic Man’ fue vista por 751.625 personas. ‘La vida secreta de las palabras’, por 664.753. Ausentes, por 136.906. Cuánto friki había en el 79, ¿no? ¿O quizás es que había gente que sí, que se tomaba esto como una industria?
Lo mejor: Los variados e inagotables superpoderes de Supersonic. El súperrobot. El tractor marca ACME. Ese musicote.
Lo peor: Todo. Que gente como Juan Piquer o Mariano Ozores nunca saldrán en Cahiers du Cinéma.
publicado por Plissken el 5 noviembre, 2007

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