‘La Luna en Botella’ es la notable carta de presentación de Grojo, un tipo que ha luchado contra viento y marea para ver realizada su propia “”utopía cósmica””: estrenar su primer largo.

★★★☆☆ Buena

La Luna en Botella

Veo una película pequeña, hermosa y valiente como ‘La Luna en Botella’, y empiezo a creer que este año ha sido, pese a todo, un buen año para el cine español. Es verdad, no hay casi taquillazos, pero por lo menos hay gente que debuta (Félix Viscarret, Nacho Cerdá, J. A. Bayona, Grojo) dispuesta a elevar los estándares de calidad nacionales.

En ‘La Luna en Botella’ seguimos la  historia de un puñado de personajes, al principio de la mano de Zeta (un aspirante a escritor convertido en "negro") y después a cada uno por sí solo. Sus idas y venidas del cabaretero Café Rossignol, sus cruces y choques, sus pequeños dramas y sus mínimas victorias. Todos parecen habitar un limbo del que sólo saldrán cuando encuentren la forma de decir "sí" y poder seguir adelante con sus vidas.

El largometraje de debut de Grojo, director forjado en el mundo del corto y la publicidad, es una historia coral que sorprende, sobre todo, por la fuerza de su puesta en escena, trabajadísima en todos sus niveles, desde los créditos iniciales hasta los toques de FX. La ambientación del Café Rossignol es impecable: su música, sus decorados, su iluminación, su colorista clientela… la verdad es que sólo cabe felicitar al equipo del director madrileño por conseguir una atmósfera muy próxima al universo de Jeunet y Caro, sin miedo a las inevitables comparaciones. Un 10 para todos.

Además de la potente factura técnica, el guión de Grojo acierta al no dejarse llevar por el melodrama fácil ni por simbolismos crípticos con unos personajes sencillos, con problemas concretos y con reacciones creíbles, dentro de la lógica del film. Cada uno de ellos, por separado, enlaza directamente con la tesis última de ‘La Luna en Botella’: un "no" te puede destrozar la vida, y un "sí" puede devolverle el sentido. Quizá alguna trama quede algo desdibujada, pero es meritorio el esfuerzo por contar tantas gestas íntimas sin caer ni en el aburrimiento ni en la pretenciosidad. Mención especial merecen los divertidos flashbacks al más puro estilo ‘Amélie’; la historia del personaje de Pep Jové que tanto remite a ‘Vivir’, esa obra maestra de Kurosawa; los intensos números musicales (quizá demasiado cercanos entre sí); y el recadito al arte institucional, empeñado en monumentos al absurdo capaces de acabar con antiguos teatros.

En el apartado interpretativo es donde se encuentra el punto débil de ‘La Luna en Botella’. Zeta, el protagonista, el personaje que debería ser el nexo de unión entre el espectador y el resto de habitantes del Café Rossignol, está deficientemente interpretado por Edu Soto, el famoso "Neng de Castefa". Y la verdad es que este personaje le viene grande en casi todo momento, hasta el punto de que la película funciona mejor en todas las partes en que no aparece él. Edu Soto se esfuerza, pero simplemente no está a la altura, y más en comparación con el resto del reparto, una sobria Bárbara Goenaga y un espectacular elenco de secundarios: Dominique Pinon, Pep Jové, Leigh Zimmerman, Michael Jenn o dos de nuestros más ilustres secundarios, Joan Dalmau y María Elena FLores. Y sin olvidar la participación de Federico Luppi o Paco Algora, que no desentonan en absoluto. Una lástima lo de Edu Soto.

Pero a la hora de la valoración final, son más los pros que los contras, en esta ocasión. ‘La Luna en Botella’ queda como la notable carta de presentación de Grojo, un tipo que ha luchado contra viento y marea para ver realizada su propia "utopía cósmica": estrenar su primer largo. Enhorabuena y que siga la racha. Un 6’5.

Lo mejor: La magnífica ambientación del Café Rossignol, unos brillantes secundarios, una acertada partitura y unos excelentes créditos iniciales y finales.
Lo peor: Edu Soto y algún momento con falta de garra.
publicado por Plissken el 5 noviembre, 2007

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