Oviedo Express es una de las películas más frescas del cine español de 2007, que aúna en sí una serie de elementos que parecían haberse perdido, como el realismo mágico o el surrealismo

★★★★☆ Muy Buena

Oviedo Express

El cine español a lo largo de este año ha sufrido grandes y serios altibajos. Comenzó de manera excelente a principios de año, algo poco habitual, pero sin embargo poco después sufrió un bajón de calidad del que no se recuperó hasta pasado el verano. Es en estos meses, con los estrenos de películas como Mataharis, Las 13 Rosas o Siete Mesas de Billar Francés, cuando el cine español mejora notablemente.

Oviedo Express sin duda es otro título a considerar en dicha recuperación, y es que Gonzalo Suárez firma una gran película. Se trata eso sí de un film de difícil calificación o descripción, siendo quizás la más acertada, por ser también la más ambigua, la de comedia dramática. El argumento es sencillo, la llegada a Oviedo de una gran compañía teatral para representar La Regenta supone una pequeña revolución en la ciudad. Oviedo Express posee un cierto aire a comedia costumbrista, además de un tono de realismo mágico que recuerda a Manuel Gutiérrez Aragón, e incluso tiene toques totalmente surrealistas. A pesar de ello, se trata de una propuesta fresca y original, en la que Gonzalo Suárez mezcla con gran habilidad elementos antagónicos. La visión que Gonzalo Suárez traslada al espectador es una visión distorsionada por la retranca, sarcasmo e ironía en la que nadie queda a salvo. Dicho esto, el film alcanza sus momentos de mayor genialidad cuando se centra en la compañía teatral y sus componentes. Los homenajes a Sidney Lumet y a Billy Wilder, especialmente el de éste, son magistrales. Las interpretaciones son todas soberbias (incluso la de Aitana Sánchez-Gijón), aunque es imposible no destacar la de ese gran actor llamado Carmelo Gómez.

Oviedo Express es una de las películas más frescas del cine español de 2007, que aúna en sí una serie de elementos que parecían haberse perdido, como el realismo mágico o el surrealismo. Ofrece al espectador, además de pasar un rato muy divertido, una visión cargada de ironía del teatro, la cultura, la política y la vida social de una pequeña ciudad.

        

     

  

Lo mejor: El tono de realismo mágico que le da Gonzalo Suárez a la película.
Lo peor: Que no se sepa interpretar bien.
publicado por Francisco Bellón el 31 octubre, 2007

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