Que Dios (y ustedes) me perdonen, pero personalmente el cine de Romero cada vez me interesa menos. Su último trabajo tampoco me entusiasma y me aburro en la mayor parte del metraje, por no decir en toda la película.
El habitual discurso y puesta en escena de siempre con un nuevo punto de vista que ha sido común en muchas propuestas de este año, la cámara en directo, la realidad y la manipulción. ¿Quién dice la verdad? ¿Dónde la encontramos?
Puede parecer una osadía, pero a mi me gustan más las nuevas hornadas que el estilo del patrón: Zack Snyder me fascinó con su frenética revisión del Amanecer de los muertos y Danny Boyle me entusiasmó con su rabiosa 28 días después.
Eran pelis con discursos similares (en el caso del remake, pues el mismo) y tenían un ritmo endiablado y una especia de reinvento (que siiii, que lo difícil lo había hecho Romeeeero) de la situación que las hacían brillar con tanta fuerza que se convirtieron en películas referentes y nuevos clásicos del cine en general y en concreto del fantástico.
Aquí el tiempo vuelve a ser lento, como si fuese “la balada” de un disco furioso y por eso me termina cansando.
Incluso Shaun of the dead me parece superior a los dos últimos trabajos de un director, no vayamos a volvernos locos, que tiene más de un peñazo importante, como El rostro de la venganza. Saben que no miento.
