Nuevo ejemplo de promoción mediática engañosa. ‘Sin Reservas’ es un dramón en sus primeros 45 minutos, y un género inclasificable en el resto. Si queréis reiros, o al menos sonreir, ésta no es la que buscáis.

★★☆☆☆ Mediocre

Sin reservas

Si alguien se preguntaba dónde estaba la comedia romántica de este otoño, que siga buscando, y no lo digo porque ‘Sin Reservas’ sea buena o mala, es que simplemente no es una comedia romántica.

Nuevo ejemplo de promoción mediática engañosa. ‘Sin Reservas’ es un dramón en sus primeros 45 minutos, y un género inclasificable en el resto. Si queréis reiros, o al menos sonreir, ésta no es la que buscáis.

Quizás podamos acercarnos más fielmente a lo que esta película es si apuntillo que su director es Scott Hicks, que hace diez años nos cautivó con ‘Shine’ y que su coprotagonista no es el Sr. Eckhart, sino Abigail Breslin, la niña de ‘Pequeña Miss Sunshine’ que aquí ha perdido unos kilitos, la verdad. Igualmente, estamos ante un remake de ‘Bella Martha’, película alemana del 2.001, y que parece ser (yo no la he visto) ha sufrido un remozado digno de Hollywood, es decir: no se parece en nada.

Debo admitir que soy muy asiduo a ver comedias románticas, y que ‘Serendipity’ es una de las mejores que he visto en años, pero en ‘Sin Reservas’ me pase buena parte del metraje esperando que la comedia comenzara, y al final me di por vencido: a pesar de un par de escenas muy cautivadoras, el resto es básicamente deprimente. 

Kate (Zeta-Jones) es una chef de un restaurante de Nueva York, adicta a su trabajo y perfeccionista en sus platos. Cuando el viaje que realiza su hermana y su sobrina a la ciudad se convierte en tragedia deberá hacerse cargo de Zoe (Breslin), y ajustar su cuidado con su trabajo, algo complicado cuando le asignan como ayudante a Nick (Eckhart), un chef bastante excéntrico y radicalmente distinto a su forma de ver la cocina.

Lo que nos habían vendido hasta ahora en trailers y spots televisivos era la relación prefecta entre Zeta-Jones y Eckhart, y una especie de historia a lo ‘primero rivales-después amantes’. Bueno, no digo que no sea parte del film, pero ciertamente ocupa como mucho media hora y su desarrollo no sólo es predecible, sino que convierte a sus protagonistas en auténticos babosos. Ahora, cuando descubrimos que esto es un drama familiar y cambiamos el chip, todo resulta algo mejor.

No os voy a engañar, y todas las situaciones que viven los personajes son las obligatorias cuando hay una niña huérfana y un novio más que comprensivo, pero lo que la hace especial y evita que sea un producto intragable son dos de sus actores.

Las actuaciones de Abigail Breslin y Aaron Eckhart vuelven a ser de sobresaliente. Ambos se ganan cada vez más mi simpatía. Puede que al tener al lado a semejante mujo (dícese de pez sin gesticulación facial) como Catherine Zeta-Jones los haga mejores, pero es inevitable que los dos se coman a la Sra. Douglas, que parece perdida en el guión y firma una actuación digna de un telefilm barato. Patricia Clarkson, como jefa de la protagonista, apenas tiene escenas, por lo que voy a obviar el desperdicio de una actriz tan carismática.

Con tanto plato a lo novelle cuisine y presentación digna de Ferrán Adriá, ‘Sin Reservas’ se me ha antojado más como un ‘take away’, donde consumes la comida sin distinguir muy bien los ingredientes, y en el que al final tiras el envase sabiendo que sólo repetirás cuando no haya más remedio.

publicado por Bloody Will el 24 septiembre, 2007

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