Moore pone otra vez el dedo en la llaga. Y lo hace de la única forma que lo sabe hacer: despertando al espectador. Esta vez se centra, más que nunca, en las personas y cómo se atenta al único derecho inviolable: la vida. Claro que en un país en el qu

★★★☆☆ Buena

El médico mata porque hay un sistema que lo respalda, lo apoya y lo premia. Michael Moore pone otra vez el dedo en la llaga. Y lo hace de la única forma que lo sabe hacer: despertando al espectador. Así que su discurso se convierte en extremista, con todos los peligros que ello conlleva. Moore es, en este sentido, honesto. Propone una hipótesis y trata, por todos los medios, mostrarla y olvidándose de demostrarla. Y ésa sea, posiblemente, su virtud y, para muchos otros, la causa de su descrédito (es aquí cuando se habla del Moore "manipulador").

El personaje Moore, en un mundo mediático-globalizado, ha traspasado las fronteras de su denuncia. Algo local, como sería problemas en la sociedad norteamericana (la venta de armas como causa de los altos niveles de violencia; la corrupción detrás de la invasión a Irak; la deslocalización de empresas…), se globaliza en relación a una sociedad occidental-capitalista-consumista. El inconveniente: convertir una particularidad de una sociedad en problema de todos. Y es que ese país llamado Estados Unidos, como Imperio, es el principal transmisor de valores occidentales. De ahí, que el principal altavoz de las críticas de Moore se hayan producido en Cannes, Toronto, etc. Y, ¿en su país no se le escucha? Para refutar esta idea, Moore presenta estos días en tierras canadienses CAPTAIN MIKE ACROSS AMERICA. Otra vez más, Mike trata de "mostrar" la gira contra Bush en 2004, por 62 ciudades que recorrió en 45 días y en los cuales llegó a reunir, en una sola noche, más de 10.000 personas. Moore cansado de ser el único en alzar la voz, nos cuenta que no es el único en su país en tener una visión crítica.

La crítica de Moore siempre al sistema. Un sistema que actúa sobre las personas de modo pernicioso y alienante. De forma simplista, un estadounidense compra armas porque el sistema le "vende" miedo. Ahora, un médico mata porque el sistema le premia por ello. Moore lo muestra en SICKO. Detrás, el negocio vinculado a un sistema de salud estadounidense que, por todos los medios, trata de sacar el mayor beneficio en contra de la salud de sus clientes. Todos los condicionantes para no tratar una enfermedad en situación límite, de no curar a los "héroes" en el 11-S… una privatización absoluta de una empresa más en el conglomerado de un país que olvida a las personas y apuesta por los beneficios de una élite (los mismos que venden armas, dan la orden de invadir países).

Moore trata de mostrar. Para ello, es capaz de comparar: la sanidad pública en Reino Unido y Francia; y cómo son "curados", de forma gratuita, los héroes norteamericanos en hospitales del mayor enemigo, Cuba. Esta vez se centra, más que nunca, en las personas…en las víctimas. Y cómo se atenta al único derecho inviolable: la vida. Claro que en un país en el que está vigente la pena de muerte, el resto es humo.
publicado por José Antonio Bermúdez el 21 septiembre, 2007

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