Confieso abiertamente que estuve a punto de lanzarme al pasillo de la sala para pegarme cuatro meneos. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto en el cine, en cuestión musical, con una película.

★★★★☆ Muy Buena

Musical puro y duro. Ritmo, ritmo y más ritmo. Con estas dos frases podría resumir básicamente lo que os encontraréis en ‘Hairspray’.

Empiezo esta crítica sintetizando mis impresiones sobre la película porque quiero avisaros previamente que ésta es una cinta completamente distinta a las que estáis acostumbrados a ver en el cine.

No se trata de un filme de acción con explosiones estratosféricas y disparos a mansalva, ni tampoco un drama de diálogos desquiciantes, ni tan siquiera una comedia ligera de chistes tópicos o ingeniosos, según los gustos.

‘Hairspray’ es un filme 100% adrenalíticamente musical, que a los profanos o no simpatizantes del género les podrá resultar cansino ante tanta sucesión de temazos vocales y bailes electrizantes, encadenados con un mínimo enlazado de frases de guión, pero que a los megalómanos empedernidos seguramente les parecerá un regalazo para sus ojos y para sus oídos.

Confieso abiertamente que estuve a punto de lanzarme al pasillo de la sala para pegarme cuatro meneos prohibidos al ritmo frenético de las canciones interpretadas por Nikky Blonsky, Elijah Kelley o Queen Latifah, los mejores del reparto para mi gusto.

Pero también hay que reconocer la destacada aportación del resto de los actores (mención especial hago también del guaperas Zac Efron, el medio-reconocible John Travolta, el sorprendente James Marsden e incluso el increiblemente escurridizo Christopher Walken), que le hace a uno tener el deseo de levantarse de un salto de la butaca. El continuo movimiento de los pies debajo del asiento a partir de la segunda canción (’The Nicest Kids in Town’) no os lo quita nadie.

Y es que uno no puede evitar contagiarse de tanta positividad y divertimento que transmite la película. No hay descanso para las neuronas melódicas de nuestra cabeza. Sólo una historia un pelín infantil que transcurre en un mundo de color de rosa (incluido el tema racial), cuya importancia radica unicamente en que sirve de enlace para el siguiente tema, interrumpe la magia evocadora de ‘Grease’.

No se puede negar que la banda sonora de ‘Hairspray’, recuerda ligeramente a la de esa mítica cinta del 78. Eso se debe a la evidente ambientación en los inicios de los años 60 norteamericanos de la película de Adam Shankman, con vestidos princesa, cardados imposibles llenos de laca y tupés engominados. Sin embargo, lo que hizo Randal Kleiser con ‘Grease’ fue una obra de arte por los cuatro costados, y su sombra de clásico es muy larga; en definitiva, una barrera insuperable.

Lástima que ‘Hairspray’ no vaya a tener la misma repercusión. El panorama musical de ahora es muy diferente al que conoció ‘Grease’, pero es de elogiar que Shankman haya querido llegar con su película a las nuevas generaciones; aparte de que muchas/muchos adolescentes irán a verla sólo para marearse con el fenómeno Efron (yo tenía unas cuantas atrás cuyo babeo sentía en el cogote), el resto disfrutará de unos temas con arreglos muy cañeros, por obra del productor Marc Shaiman, a pesar de su estilo sesentero.

De verdad, hacía tiempo que no disfrutaba tanto en el cine, en cuestión musical, con una película. La mayoría de las bandas sonoras de los filmes de hoy en día son simples acompañamientos instrumentales, de similitud sospechosa, que llegan muy pocas veces a convertirse en auténticos protagonistas en su carrera en el mercado del CD; sin embargo, la banda sonora de ‘Hairspray’ es el auténtico motor del filme, con el valor añadido de que sus intérpretes son los mismos que ponen cara y cuerpo (y vaya cuerpos, en todas las tallas) a los peculiares personajes de esta adaptación cinematográfica.

Sobre ninguno de ellos hay objeción reseñable a pesar del reparto coral del tiempo en cámara. La elección de Nikki Blonsky ha sido acertadísima; esta tía es un puro nervio y parece increible que con su físico puede moverse de esa manera. A su voz no le pongo peros.

Amanda Bynes hace de maravilla a esa colegiala rebelde peligrosamente sugerente. Atención a su extremadamente ceñido vestido del baile final. De Michelle Pfeiffer ya dije que estaba increible a su edad. Y de mala ni os cuento.

Christopher Walken rompe radicalmente con su imagen tétrica y seria, y saca sonrisas con frecuencia. El baile con John Travolta, impagable. De este último no hace falta decir que tiene un mérito increible; moverse tan bien dentro de ese saco de caucho es de elogiar, y hacer creible su papel de madre acomplejada de Tracy es todo un logro.

James Marsden está irreconocible en su faceta musical. Me ha sorprendido gratamente su versatilidad. Zac Efron hace de chulito no cargante, justo lo que necesita el hilo conductor de la cinta. Elijah Kelley es una máquina; sólo hace falta verle en acción. Y Queen Latifah interpreta de lujo a una gran matriarca de color. Su interpretación de ‘I know where I’ve been’ pone los pelos de punta.

En definitiva, que no hizo falta que el acomodador nos pusiera un gotero para meternos en vena el ritmo hipnotizante de ‘Hairspray’. Basta deciros que desde que salí del cine ayer no he podido quitarme de la cabeza la pegadiza canción del apoteósico gran final de la película titulada ’You can’t stop de beat’. Tátan, tan, tan, tan, tan, tan, tan …. biiiiiiiiiiiit. Aquí me quedo ensayando unos pasos.
publicado por Bloody Will el 19 septiembre, 2007

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