Un tontorrón festival de tópicos familioedulcorados que no aporta absolutamente nada al mundo adulto, pero que disfrutarán sí o sí los más pequeños.

★★☆☆☆ Mediocre

Sigo como Dios

En verano de 2003 se estrenó en el mundo entero Como Dios (o Bruce Todopoderoso, que es como se tendría que haber llamado si los señores que “traducen” los títulos se hubieran dignado en respetar el título original), una cinta dirigida por Tom Shadyac (director de auténticos pasteles como Mentiroso compulsivo, Patch Adams, o Dragonfly: La sombra de la libélula, pero también de genialidades como Ace Ventura: Detective de mascotas), que protagonizaron Jim Carrey, Jennifer Aniston, y Morgan Freeman haciendo de sí mismo. Es decir, Dios.
La película tenía sus logrados puntos cómicos, y resultaba graciosa pese a la empalagosa aureola católica que la envolvía, pero se iba literalmente al garete al convertirse a la mitad en la típica e inaguantable comedia romántica de sobremesa, predecible hasta decir basta.

Como Dios fue un éxito y no tardó en confirmarse la secuela, pero hubieron dificultades con el reparto, puesto que Jim Carrey no podía repetir porque estaba ocupado con otros proyectos (que luego fueron cancelados…) y, si no había Jim Carrey, evidentemente (y afortunadamente) no habría Jennifer Aniston, ni continuación de la trama establecida en Como Dios. Así que Tom Shadyac se le ocurrió la idea de explotar un personaje que, a priori, parecía interesante, y se sacó de la manga una historia alrededor de éste. Se trataba nada más y nada menos que de Evan Baxter, que en Como Dios dio vida el ahora conocido Steve Carrell.

En Sigo como Dios (o Evan Todopoderoso… seguimos con los títulos inventados…), Evan Baxter acaba de ser elegido nada más y nada menos que congresista, y se muda de Buffalo con su familia, para vivir en una urbanización del norte de Virginia. Una vez allí, su vida sufre un importante vuelco cuando Dios (Morgan Freeman, cómo no) le ordena construir un arca, porque se acerca el diluvio…

El resultado acaba siendo poco más que descorazonador. La cinta aburre y hace más bien poca gracia. El 95% de gags y chistes, o situaciones chistosas, son infantiles y facilonas (a Carrell dan ganas de matarlo cuando hace aquello del “do the dance”). Y para colmo, sucede algo más grave que en su predecesora: se convierte en una comedia típica y repelentemente familiar, de moralina fácil, y hasta política y ecológica. Además, la historia es un sinsentido absurdo: Dios anuncia un diluvio, y le encomienda a Evan Baxter que construya un arca, mientras un par de ejemplares de cada especie van llegando al lugar donde éste construirá el pedazo de bote. Al final (y ojo porque esto puede considerarse SPOILER), el diluvio no existe como tal, y a uno se le queda el jeto a cuadros al preguntarse a qué viene tanto alboroto para absolutamente nada.

Un tontorrón festival de tópicos familioedulcorados que no aporta absolutamente nada al mundo adulto, pero que disfrutarán sí o sí los más pequeños. Un crossover puro y duro entre Como Dios, ¡Vaya Santa Claus!, y Una verdad incómoda.

Lo único salvable bajo mi punto de vista, los efectos visuales (que, aunque canten en ocasiones con los bichos, la parte Tutuki Splash me parece bastante lograda) y… los créditos finales, simpáticos y divertidos.
publicado por Rafa Delgado el 15 septiembre, 2007

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