No oculto mi admiración por el cine de este hombre que, con apenas cinco películas escritas y dirigidas por él, creo que ha alcanzado un veloz estatus de autor con un cine que, aunque no sea plato de buen gusto para muchos, ofrece siempre una pasión

★★★★☆ Muy Buena

Death Proof es el envés de la misma moneda que el tándem Rodríguez/Tarantino ha acuñado como homenaje a un cine de terror y acción que derrochaba originalidad y transgresión en tiempos cinematográficos aún conservadores. Con escasos presupuestos y soluciones técnicas chapucero-artesanales, aquellos cineastas pioneros hacían de la necesidad virtud y sólo ambicionaban dar rienda suelta a sus truculentas imaginaciones. Sam Raimi, Wes Craven, Cronenberg, Carpenter o Peter Jackson, entre otros, fueron algunos de los directores que se forjaron en aquella escuela de vísceras y sangre. Hoy todos ellos cuentan con reconocidas carreras como cineastas, pero su fogueo partió de aquellas cintas incomprendidas y marginales para su mayoritario público coetáneo.

Si Rodríguez se ocupó en Planet Terror de referenciar el terror ‘gore’, unas de las vertientes por las que el mexicano ha mostrado más querencia en cintas iniciáticas suyas como Abierto hasta el amanecer, Tarantino ha decido dirigir su tributo a las películas de salvajes carreras de coches. Referentes como Punto límite cero o 60 segundos, citadas textualmente en diálogos que Tarantino ha puesto en boca de sus personajes, constituyen la base de cinefilia sobre la que se apoya Death Proof.

Pero no se queda ahí. Porque en Death Proof vuelve aparecer el arsenal de lugares comunes de toda su filmografía: como los largos diálogos entre colegas sobre las más absurdas trivialidades, la filmación de escenas con afán de posteridad acompañadas de excelentes canciones (el repaso a las bandas sonoras de sus filmes desvelan a Tarantino como un gran ‘gourmet’ de clásicos musicales americanos y como un enamorado de las partituras morriconianas) y la creación de personajes extremos capaces de pasar de un estado de relajo a otro de brutal violencia sin apenas inquietarse. Y puesto a alabar sin disimulo sus preferencias cinematográficas o a vituperar sin piedad el cine que detesta, a Tarantino no le duele en prendas el hacerse varios impúdicos autohomenajes con guiños a cintas suyas recientes como Kill Bill. Por ejemplo, genial resulta la reaparición de dos personajes ya míticos como el ranger Earl McGraw (con la hosquedad e impavidez del gran Michael Parks) y su Hijo Número 1 (el propio hijo de Parks, James Parks). El pausado y crudo análisis que hacen de los brutales crímenes a los que se suelen enfrentar son la mejor muestra del negrísimo humor destilado por el realizador de Tennessee.

Y finalmente, para incondicionales de Tarantino como quien esto escribe, en Death Proof volvemos a disfrutar con interpretaciones-trasunto del pasado glorioso de grandes actores como Kurt Russell (de quien Tarantino adora sus primeros trabajos con Carpenter, como Escape from New York o La Cosa). Además, y siguiendo los rasgos típicos de las mujeres de sus filmes, Tarantino vuelve a crear todo un muestrario de diversos caracteres femeninos: sexys, fuertes, chulescos y decididos. Se podría decir la réplica de Tarantino al perfil de la chica-Almodóvar es la de una mujer bella, con fuerte atractivo sexual, inteligente, y dura y sensible a un tiempo. Todo el reparto de chicas-Tarantino en Death Proof, desde Rosario Dawson a Vanessa Ferlito, están excelentes en sus respectivos papeles.

En fin, que no oculto mi admiración por el cine de este hombre que, con apenas cinco películas escritas y dirigidas por él, creo que ha alcanzado un veloz estatus de autor con un cine que, aunque no sea plato de buen gusto para muchos, ofrece siempre una pasión cinéfila que respira por cada uno de sus fotogramas.
publicado por Matías Cobo el 10 septiembre, 2007

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