La Sombra de la Sospecha, sin embargo, no tiene la capacidad de sorprender, factor esencial e inherente a todo buen thriller.

★☆☆☆☆ Pésima

La sombra de la sospecha

La nueva producción de Michael Douglas se puede resumir en sólo cinco palabras: Nada nuevo bajo el sol. Sumamente atractiva en su planteamiento inicial, cuidadosa con los detalles técnicos y notable a nivel interpretativo, La Sombra de la Sospecha, sin embargo, no tiene la capacidad de sorprender, factor esencial e inherente a todo buen thriller. Por el contrario, la novela de Petievich parece ir encaminada, en muchas ocasiones, a subestimar al espectador.
Kiefer Sutherland, brillante.

Quienes vieran El Guardaespaldas (cosas de la edad, a mí me fascinó) recordarán que Kevin Costner era el mejor en su cometido porque había trabajado protegiendo la vida del Presidente de los Estados Unidos. Cuando su seductora partenaire le deja caer que “al presi le pegaron un tiro”, él responde, sin inmutarse, “que no fue en su turno”. La magia del Cine ha querido que, años más tarde, descubramos que quien aquel día estaba de guardia no era otro que el mismísimo Michael Douglas.

El veterano actor –y también productor de esta película- nos introducirá en el mundo de los guardaespaldas de elite, agrupados en torno al Servicio Secreto, con la misión especial de velar por la vida del máximo dirigente norteamericano y de la primera dama. Un planteamiento sumamente interesante, entre otros motivos, por la cantidad de trabajo que estos profesionales han de tener a fecha actual; pero que, rápidamente, pierde su atractivo al dar paso a una trama destinada, en muchos momentos, a subestimar al espectador.

No resulta demasiado creíble, por ejemplo, que un experimentado agente de los cuerpos de seguridad, con más de veinticinco años al servicio de “Su Majestad”, se dedique a propagar a los cuatro vientos un bombazo de información, que le ha llegado de un infalible confidente que le provee desde hace más de diez, y que pondría en peligro la vida del Presidente.

Aspecto tan inverosímil como saber que las altas esferas de los servicios secretos, al conocer que existe “un topo” entre ellos, adopten como única medida de seguridad el polígrafo, para detectar quién es el traidor. Y no más creíble es apuntar a los narcotraficantes de Barranquilla o a antiguos agentes de los servicios de espionaje soviéticos como posibles interesados en la muerte de un puntual presidente estadounidense.

Cierto es que enemigos no le faltan a este país, pero suena a chiste en el año 2.006 encauzar el guión por esos derroteros.

El guionista Nolfi, basándose en la novela de Gerald Petievich, (que fue comprada por la 20Th Century Fox, antes de ser publicada, para hacer esta película) manifestó en una entrevista, con motivo del estreno de la cinta en los USA, “que había intentado hacer la historia absolutamente real”. Debe ser por ello, que no se le ocurrió nada mejor que escribir una frase culminante para ser pronunciada por uno de los personajes de la historia: “En 141 años, es la primera vez que hay un topo en los servicios secretos americanos”. Frase que no es del todo incierta, si tenemos en cuenta que según las investigaciones de cierto y famoso fiscal de Nueva Orleáns, que recogió Oliver Stone en una de sus películas, no habría habido un topo sino una manada en los años sesenta y con respecto al asesinato de JFK.

Una frase que, conociendo la polémica historia del mencionado realizador, resulta ridícula. Tan ridícula como lo son el móvil que tiene “el malo” de este mal thriller, las rencillas personales que surgen entre los dos grandes protagonistas por culpa de una mujer llamada Silvia que, al final, resulta que se llamaba Cindy (cosilla que molesta a los “pijoteros” que se dan cuenta de todo), o la aventura amorosa mantenida entre Douglas y Basinger.

Éstos últimos, dos monstruos de la gran pantalla, mitos del cine de los años ochenta, que completarán el reparto con Kiefer Sutherland, que ya hacía sus pinitos por la misma década con aquello de “Hoy es un buen día para morir”, en Línea Mortal; y con Eva Longoria, una importante revelación, para la cámara, de última hora.

Realmente, no sé a qué tipo de público irá destinada La Sombra de la Sospecha. Desde luego, no a los seguidores del “thriller político”, -como se la ha catalogado-, quienes no tardarán más de diez minutos en averiguar toda la trama. Sólo los grandes guionistas y realizadores de la Historia de Hollywood han sido capaces de engañar al espectador más avispado. Algunos de ellos, porque eran geniales de verdad. Otros, porque se basaron en relatos de la Reina del Crimen, Doña Ágata. En cualquier caso, la novela, el guión y la película que hoy nos ocupan, quedan a años luz de todas ellas.

Nada nuevo bajo el sol.
publicado por Bruji el 10 septiembre, 2007

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