Nada que no hayamos visto antes cientos de veces, y aunque la originalidad no tiene por qué ser el principal fuerte de toda película, a estas alturas ya se hace un tanto cansón y repetitivo.

★★☆☆☆ Mediocre

Wolf Creek

El apabullante retraso con el que ha llegado Wolf Creek (2005) a la cartelera española ha servido, entre otras cosas, para hacer crecer las expectativas en torno a lo que en un principio se definió como una de las películas de terror más sobresalientes de los últimos años, una joya venida de Australia que prometía ser de las piezas más salvajes del survival horror, con escenas supuestamente tan “fuertes” que estaba prohibido por ley mostrarlas en su material publicitario. Todo eso al parecer se ha ido al garete, pues la verdad es que este primer largo del australiano Greg Mclean está finalmente entre lo más típico y visto que nos ha caído. El buen oficio con el que están rodadas muchas de sus secuencias hace que sobresalga un poco del montón, pero no lo suficiente para justificar todas las alabanzas que le han caído encima incluso antes de su estreno.

Perteneciente al cada vez más definido sub-género de los “turistas muertos”, Wolf Creek sigue la pista de tres jóvenes mochileros perdidos en las interminables praderas de Australia y presas de las locuras de un psicópata que ha decidido usarlos como pieza de casa, nada que no hayamos visto antes cientos de veces, y aunque la originalidad no tiene por qué ser el principal fuerte de toda película, a estas alturas ya se hace un tanto cansón y repetitivo. Lo que en todo caso sí diferencia a esta cinta de Mclean es el hecho de tener un prólogo de casi cuarenta minutos en los que literalmente no pasa nada, y sólo vemos a los tres jovenzuelos comportarse como auténticos garrulos y regodearse en su insulso triángulo amoroso. La creación de un ambiente no tendría por sí sola ningún problema si al menos este estuviese dedicado a construir cierta tensión, pero casi nada de esta primera mitad tiene algo que ver con lo que vemos después. De hecho, el momento en que el asesino finalmente aparece marca una ruptura total con el resto de la cinta y casi nos hace creer que estamos viendo otra película en vez de la soporifera indie road movie de antes. A partir de aquí presenciamos como (una vez más) un joven director intenta emular a La matanza de Texas (1974) para al final no salir tan airoso (por cierto que las comparaciones con la película de Tobe Hooper no son ningún capricho; son más que evidentes).

Es durante esta “segunda parte” cuando Wolf Creek consigue sus momentos más interesantes. Al tener únicamente tres protagonistas, la historia se ve obligada por cojones a dar cierta relevancia a cada uno de ellos, con lo que al menos se agradece la ausencia del recurso barato según el cual varios de los miembros del elenco sólo están allí como carne a destripar. La trama va saltando de un personaje a otro y, si bien parece que por momentos se decanta por un personaje en particular como héroe de la acción, muy pronto se encarga de variar el punto de vista para no dejar esto tan claro. El otro punto a tener en cuenta es la presencia del veterano actor de la tele australiana John Jarratt (quien ha vuelto a trabajar con Mclean en su nueva cinta), sin duda alguna el motor actoral de la película y que aquí está que se desborda en su papel del más manido y entrañable cliché australiano de todos los tiempos, con unos toques de humor capaces de arrancar una sonrisa incluso en los momentos de mayor tensión.

Estos dos detalles, sin embargo, son los únicos que me han cautivado de la película, ya que todo lo demás es la misma historia de siempre contada de la misma manera de siempre, y para nada justifica los desproporcionados halagos que ha recibido. Quizá si hubiese sido estrenada hace unos diez años hubiese tenido una valoración mejor, pero en estos tiempos en los que cada película de terror aspira a ser más bestia que la anterior y tipos como Alexandre Aja, Rob Zombie, Eli Roth o Neil Marshall son los nombres que más suenan en este género, una película como la que hoy nos toca resulta poco menos que redundante, y resaltable únicamente por no venir del circuito hollywoodense. Aún así, su casi insoportable prólogo, la descarada explotación de la manida y demagógica frase de “basada en hechos reales” y el que caiga tontamente en los mismos clichés del slasher ya parodiados hasta el cansancio (¿cuándo la víctima se asegurará de que el asesino esté realmente muerto? ¿Cuándo?) le restan muchos enteros. Y es que un cambio de acento en los actores y el chiste sobre Cocodrilo Dundee no bastan para entronizar este cuando mucho mediano esfuerzo llamado Wolf Creek.
publicado por Hombre Lobo el 7 septiembre, 2007

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