Llena de detalles descacharrantes, como la amistad y posterior romance de la víctima inicial con uno de sus agresores (que chica más maja, se lo perdona todo, hasta la violación), o unos currelas tirando de machete con la rabia en la sangre contagiados por haberse cepillado todos a la misma zorra hippie. Babas blancas y música garage-surf para los ataques, una obra maestra llena de situaciones desternillantes casi todas protagonizadas por el jodido niño, en especial cuando “atraviesa” la puerta del granero y su reacción al descubrir a su abuelo empalado, dignas del mismísimo Ed Wood.
Lo cierto es que se ha convertido desde ya en un clásico de esos que tengo que enseñar a las visitas, tan grande que me va a costar quedarme con una sola frase, pero creo que la tengo: “Discúlpala, no sabe lo que hace, es muda”. Antológica.
Ya es una de mis favoritas.
Lo mejor: EL NIÑO. Por favor prestad atención a TODOS SUS MOVIMIENTOS, menuda zafiedad. Sobre todo su entrada al granero y posterior reacción. Vamos, que os quedéis con EL NIÑO Y la banda sonora
Lo peor: Alguna cabeza cutresca, pero es que es muy viejuna.
