La chispa es igual de simple, el guión sigue siendo pésimo y por lo tanto, algo ha de cambiar positivamente si me ha gustado -un poco- más que su predecesora: Steve Carrell. Él es el núcleo de la función, lo único que realmente soporta esta desastrosa comedia familiar. Perdónenme si me estoy pasando, pero es que esta película prometía bastante y, la verdad, me ha dejado totalmente indiferente. A algunos les hará gracia algunos gags, pero al menos que reconozcan que estos no tendrían ni la más mínima gracia si no apareciera Carrell. Ejemplos bastante claros serían la escena de la pecera o alguna que otra faceta cómica que pone al horrorizarse con los animales. Y si hubiera de decir otra cosa a favor de Sigo como Dios serían los espectacular esfectos especiales, que se lucen más que nunca en la escena final (la del arca navegando por toda la ciudad). Sí, eso demuestra que el presupuesto es escandaloso, pero a esta película le falta algo, ya no personalidad, sino gracia. Podría haber sido mucho, mucho mejor. ¿Y qué hacemos ahora? Porque si la comedia más cara es como ésta, ya no quiero imaginar cómo será la más barata.
Gran presupuesto, mediocre calidad. ¿Cuántas veces tendremos que oir esta frase durante los próximos años? Y no nos olivdemos de la moraleja del happy end, que ya se la podrían haber ahorrado.
Lo mejor: Steve Carrell y su envidiable presupuesto.
Lo peor: Que los gags sigan siendo igual de malos.
