Es un truco muy usado por los cineastas mediocres: cuando no hay imaginación visual ni tampoco una historia que juegue con elementos verdaderamente originales y significativos, métele caña al espectador con un videoclip “televisero” y se quedará embo

★☆☆☆☆ Pésima

El mito de Bourne

Paul Greengrass dirige esta continuación a la historia del espía amnésico, quien en un nuevo ciclo de enigmas y persecuciones centra sus pesquisas en el objetivo de comprender y conocer su verdadero pasado y los verdaderos motivos de la operación secreta de la CIA, adobado con el tema de la venganza y la reconciliación por medio del conocimiento de la verdad. Bourne es un alma en pena que ya ha iniciado una carrera desesperada hacia ninguna parte, preso de la manipulación que él mismo contribuyó a mantener.

En cine no se puede perdonar la repetición de un esquema anterior con los mismos contenidos esenciales y, encima, reducir la calidad de los recursos estilísticos. La película no cuenta realmente nada que no estuviera ya implícito en su precedente, y limita su objetivo a desarrollar una trama insulsa que apenas avanza desde el primer al último plano. El hombre confuso que despierta en su hogar de la India, en las primeas imágenes, es el mismo hombre confuso que divaga por las calles de Nueva York, lo cual deja patente lo vacuo de la narración y el descarado estiramiento de un producto exclusivamente pensado para entretener con espectaculares escenas de acción y algún momento puntual de eficaz suspense. El protagonista se pasa toda la película huyendo, y el resto, le persiguen y confabulan en función de un complot que aborda temas políticos y de corrupción en las petroleras. Lo peor de todo es que el espectador ya sabe quien es el “malo”, de antemano, y el resto de personajes, con esa caracterización tan esquematizada y plana, apenas aportan un contrapunto o algo de vida a los resortes del previsible guión. Por si fuera poco, tenemos también la pésima dirección de Greengass, con exceso de primeros planos, uso y abuso de quiebros, el zoom y giros bruscos de la cámara, estilo videoclip chapucero.

O sea, todo en esta película esta pensado por y para el “efectismo“, no en beneficio de una EFECTIVIDAD narrativa y constructiva de un estado emocional o tono específico acorde con la temática que pretende abordar. Es un truco muy usado por los cineastas mediocres: cuando no hay imaginación visual ni tampoco una historia que juegue con elementos verdaderamente originales y significativos, métele caña al espectador con un videoclip “televisero” y se quedará embobado mientras devora el cucurucho de palomitas (añádase el papel de una banda sonora reiterativa que busca un efecto muy conocido desde la psicología, encaminado a, literalmente, “embobar“ al espectador). Luego salen del cine y comentan que la película es buena.

En fin, peores cosas dicen por ahí…
publicado por José A. Peig el 12 agosto, 2007

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