No hay armonía entre imagen y contenido. No es una película buenísima porque se desatiende la trama y se hace el énfasis en la portentosa, sí, elegante y adictiva colección de imágenes del maestro De Palma.

★★★☆☆ Buena

Snake eyes (Ojos de serpiente)

En el improbable caso de que alguien tuviese la ocurrencia de hacer un remake de Snake Eyes, casi estoy por vaticinarle un sonoro batacazo, un ahora sí más que probable desastre de consecuencias previsibles. Lo que pasa es que Brian de Palma es un director asombroso y conoce su oficio lo suficientemente bien como para compensar los deficiencias narrativas con un portentoso manejo de la cámara o con un hipnótico baile de escenas absolutamente perturbadoras. No nos conmueve el alambicado avance de la trama sino la musculada coreografía del montaje. No nos absorbe la interpretación de su elenco ( Nicolas Cage está pasado de vueltas, sobre todo en los primeros veinte o veinticinco minutos y Gary Sinise está atolondrado, como ajeno a lo –poco- que se cuece ) ni tampoco la brillantez de la historia sino el sincopado encadenado de situaciones y ambientes que te dejan, en la butaca, vulnerado, entregado a este embrollo mayúsculo del que no es posible salir sin alguna herida en el amor propio o en la consideración ajena.

Que David Koepp ( Parque Jurásico, Carlito’s way, La guerra de los mundos, el próximo Spider-man o el próximo Indy ) firme el fiasco no exonera a los firmantes. La trama es simple, carece de gancho y se va negando a sí misma hasta llegar a un final desastroso, indigno de lo que vimos en el fantástico arranque de la película.

La técnica de volver a narrar hechos ya sucedidos y, por tanto, vistos, pero alojados en otro punto de vista ( viva Tarantino ) informa de la tendencia de De Palma a convertir sus films en pura egolatría, en un ejercicio de afirmación personal que engolosina por su propuesta visual – histriónica, efervescente, barroca – pero que decae por su (en ocasiones) desinterés en lo literario.

Nos quedamos con imágenes impagables (esos primeros minutos tan altamente recomendables o la vibrante persecución de una chica por parte de los dos protagonistas desde una sala de un casino a la habitación del hotel colindante ). También con una banda sonora magnífica ( Sakamoto ). Después: tedio, engaño, esa sensación agridulce de haber tenido una buena comida, pero tener la certeza de que la digestión va a ser complicada. A pesar de todo, este cronista disfrutó con la elocuencia de las imágenes, con su plasticidad a prueba de tedio…
Lo mejor: Los primeros veinte minutos...
Lo peor: Los últimos diez...
publicado por Emilio Calvo de Mora el 12 agosto, 2007

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