Es probable que las continuas alusiones a otras películas de culto terminen aburriendo al espectador promedio, pero es porque hablamos de una cinta que sencillamente no está pensada para ese tipo de espectador.

★★★★☆ Muy Buena

Planet Terror

Las dos películas que componen Grindhouse son el apoteosis de estos tiempos de simulación en los que vivimos, el orgasmo de la cultura de la copia y del frikismo referencial, el mismo espíritu ultra-revisionista que hace que cada dos por tres tengamos remakes de antiguos clásicos o plagios descarados que pretenden pasar por la facilona etiqueta del “homenaje” o la “parodia”. Sin embargo, en el caso de las dos cintas que componen esta curiosa experiencia, se nota el buen oficio de ese par de onanistas frikis llamados Robert Rodríguez y Quentin Tarantino, quienes hasta la fecha no han tenido problema en reconocer que sus películas son pastiches de otras películas, mosaicos impregnados de su estilo personal y que les permiten exhibir sus gustos cinéfilos cada vez que les da la gana. En este sentido, Planet Terror (2007) como Death Proof (2007) son dos muestras más de esta tendencia que se da tanto últimamente de “juguemos a que hacemos cine de _____” (sustituir el espacio en blanco por cualquier género que se apetezca). La diferencia es que, contrariamente a la mayoría de los que han participado de este re-re-re-reciclaje de ideas pasadas, estos tipos saben lo que quieren lograr y (lo más importante) cómo lograrlo.

Al ver ‘Planet Terror’, una de las primeras cosas que me vienen a la mente es la segunda mitad de Abierto hasta el amanecer (1996), película que (lo confieso) siempre me ha parecido una cinta del montón cuyo culto desmesurado no entenderé jamás. Sin embargo, en esta ocasión, al verse libre del estilo de su colega Tarantino y con carta blanca para desarrollar una historia de zombis a su gusto, Robert Rodríguez ha logrado deshacerse de los lastres que frenaban su anterior cuento de vampiros, a la vez que consigue regodearse en ese absurdo que tanto abunda en su filmografía y ofrecer una correcta exhibición de las fuentes cinéfilas de las que se ha valido. Y es que casi todo en Planet Terror lleva al espectador a una referencia o guiño más a los que no queda más remedio que recibir con los brazos abiertos. Los que leen esto saben (obviamente) que la imagen icónica de la película, la go-go dancer con la pierna de metralleta, es el complemento femenino a la figura de Ash, el héroe de Evil Dead 2 (1987) que se enfrentaba a los muertos vivientes con una motosierra acoplada al muñón de su mutilada mano, pero eso es sólo la punta del iceberg: aquí tenemos desde la música minimalista estilo John Carpenter hasta pasajes tomados directamente de Lucio Fulci o George Romero, sin olvidar por supuesto esa gama de personajes tan simpáticos como absurdos (la go-go dancer con aspiraciones de comediante, la anestesista sádica, el mercenario con la jarra llena de testículos humanos, las demenciales gemelas canguro o ese estrambótico villano interpretado por un impagable Bruce Willis con perilla). Dichas referencias, sin embargo, no son simple relleno: son el alma de la película (1).

Y es que si a eso sumamos las deficiencias técnicas incorporadas intencionalmente a la cinta, nos damos cuenta de que Robert Rodríguez ha ido a por todo en su segmento de Grindhouse, creando no solamente una experiencia la mar de entretenida, sino también una de sus películas más redondas, independientemente de sus semejanzas o no con un fenómeno cinematográfico que sólo conocemos de oído (sin querer sonar pedante, creo que es necesario recordar que tanto yo como el 90 por ciento de la gente que lee estas líneas es demasiado joven para haber presenciado este tipo de espectáculos).

Es probable que tras hora y media de metraje, los excesos de Robert Rodríguez puedan resultar un tanto cansones. De la misma forma, es probable que las continuas alusiones a otras películas de culto terminen aburriendo al espectador promedio, pero es porque hablamos de una cinta que sencillamente no está pensada para ese tipo de espectador. Como todo chiste privado, Planet Terror es válida únicamente dentro de su hermético círculo de frikismo, y sólo un espectador que abandone todo tipo de cinismo en la puerta puede disfrutar de los chascarrillos, las incogruencias, el montaje caótico, los diálogos casposos y toda esa sangre destilada para el efecto cómico. La nueva criatura de Robert Rodríguez puede que no sea para todo el mundo, y puede también que esté muy lejos (en mi opinión) de merecer la entronización que se le ha dado desde meses antes de su llegada, pero no se puede negar que es uno de los estrenos más disfrutables de esta temporada, y por mucho.

(1) Hay una escena que para mí lo resume muy bien: es el momento en el que uno de los militares (no casualmente interpretado por Quentin Tarantino), tras ver en la tele un fragmento de ese pilar de la “sexplotación” carcelaria llamado Women in Cages (1971), decide violar a las chicas que mantiene prisioneras, y que curiosamente puede ver en el monitor de al lado. Sin mucho esfuerzo, esa escena muestra gran parte del espíritu explotativo de la experiencia Grindhouse.
publicado por Hombre Lobo el 10 agosto, 2007

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