La película se divide en dos “realidades”, una es en el cuarto de Joel Barish, donde Stan y Patrick, junto con la posterior visita de Mary, hacen una fiesta con la comida y la bebida de Joel mientras dura el procedimiento de borrado de recuerdos. Patrick acaba confesando que se enamoró de Clementine al visualizar los recuerdos de ella sobre Joel. La cosa se complica cuando, como hemos mencionado antes, el paciente se resiste al proceso y ellos precisan la ayuda del doctor Mierzwiak. Eso nos lleva a una segunda realidad, en la mente de Joel.
Conforme los recuerdos de Clementine desaparecen, el se da cuenta que va a echarla mucho de menos y entonces intenta desesperadamente guardar los recuerdos de ella en lugares de su vida en los que ella nunca estuvo presente.
Una de las partes más bien argumentadas del film es cuando los personajes ya no se conocen y aun así, se descubren de nuevo porque hay algo que los atrae. Carrey inhibe toda su energía cómica para hacer el rol de un hombre atraído y repelido al mismo tiempo por el espíritu libre de Winslet, que cambia su forma de ver la vida como cambia de color de cabello. También destacamos a Wilkinson, que confiere al médico una inteligencia calmada que casi nos hace olvidar la espantosa máquina borra-recuerdos de su invención.
Aun con esta trama con toques muy superficiales de ciencia ficción, “¡Olvídate de mi!” no se rinde a la facilidad de los efectos especiales. Su punto fuerte son los personajes, muy bien construidos y muy bien interpretados.
Lo mejor: Los personajes y la historia...fenomenales.
