La película resulta en todo momento entretenida gracias a un inteligente guión, estupendas interpretaciones y una labor técnica impecable.
La música es bonita (preciosa la canción de los títulos de crédito finales), y la fotografía es bellísima.
El metraje es el ideal, conteniendo cariño, dolor, tristeza y ternura, bien dosificados y combinados.
Los personajes resultan entrañables, especialmente el policía pretendiente de la protagonista.
Su final, empero, es muy previsible, pues se sabe desde el comienzo, siempre, claro está, que se sepan sumar dos y dos. Aunque, ciertamente, esto no sea lo más importante ni obstaculice la buena labor desarrollada hasta entonces.
Todo resulta emotivo y tierno y así, sin ser ninguna maravilla, es muy bonita, digna y honesta, dejando un muy sabor de boca. Estuvo largo tiempo, casi hasta el final del Festival de Donostia, encabezando el premio del Público.
Lo mejor: La unión entre drama y humor. Y el guión, bien medido.
Lo peor: Que no se tarde mucho en olvidar, pese a su buenas intenciones y perfecto acabado.
