Como hemos visto mucho cine de este pelaje, se debe ser muy exigente con Zodiac. ¿ El resultado ? Una cinta casi magistral, sobrecogedora, en todo caso, perfecta en su acendrado sentido de la ética y de la épica porque, bien mirado, el regusto final es ése: el de habernos tragado un monumental arrebato sentimental sobre la justicia, el derecho a encontrar la verdad y las trabas que el tiempo y la desgana de la sociedad tiene en dar con ella cuando los medios de comunicación, auténticos depositarios de las montañas de datos, ya han decidido darle soberanamente la espalda.
Zodiac deslumbra por su desmesura, que es también – a juicio de algunos – su demérito mayor.
No es posible disminuir sus excesos: se precisan sus dos horas larguísimas para que ningún hilo quede sin trenzar y, al tiempo, se tenga la última reflexión de que todos los hilos, al abovinarse, no han conducido a completar madeja alguna. De narrativa nunca atropellada, Zodiac entretiene en todo instante y tiene la virtud de no concederse licencias tal vez perdonables: una truculencia más explícita, un espíritu a lo Seven al que Fincher no es ajeno por cuanto esa obra maestra del último cine de entretenimiento ( comercial, dirán ) es suya. En este caso lo que hace el director es reescribir el patrón sobre el que abordar el género de asesinos en serie y reformular su discurso en base a criterios más literarios, más cercanos a modelos setenteros como Todos los hombres del presidente ( sé que no soy el único que ha visto esta similitud, de hecho antes de verla era ésta la única información que tenía del film ) o incluso JFK . Su pulcritud formal, su ausencia de entusiasmos doctrinales y su carácter marginal dentro del thriller hacen de Zodiac una cinta más que recomendable, que no es la obra maestra que podría haber sido ( tiene mimbres y alicientes para serlo en quienes así lo consideren en su fuero interior ) pero sí, y contundentemente, una película mayor dentro de la filmografía de Fincher a la altura de Seven. Curioso que sus mayores logros provengan de cimientos narrativos parecidos. Tal vez en la próxima incursión en el género le dé al hombre por escorar las miras ciento ochenta grados y bucear en el melodrama o en el musical, y todo sin abandonar asesinos en serie, claro.
Lo mejor: La intensidad narrativa, que no decae nunca.
Lo peor: Su duración, pero por otra parte no es posible restarle un minuto, o sea que...
