Open water es una película bastante particular y ello es por varios motivos: Su director Chris Kentis hace su debut absoluto ayudado solo por su esposa, 120 horas totales rodadas en video y sin efectos especiales, hechos (y tiburones) totalmente reales en un film de terror primario, con una duración ideal (solo 79 minutos) y finalmente, premiada en el prestigioso festival de Sundance.
Todo ello no diría nada si Mar abierto no terminara de ser -como lo es- una muy buena ópera prima de bajo presupuesto, con un aire a pseudo documental, sumamente efectiva y de buen gusto.
Una pareja aparentemente feliz, luego de 40 minutos de buceo es olvidada y naufraga en el océano, a kilómetros de tierra firme, en un agua infestada de tiburones, es toda la línea argumental.
El aumento de tensión y la psicología de la propia pareja van in crescendo, junto a un preciso montaje, hasta llegar hacia un bello, sorpresivo y poético final.
Faltaría solo una mayor profundidad en la psiquis de los protagonistas si se quiere pero no mucho más. Sorpresa agradable.
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