Yo es una película que levantará grandes pasiones entre los espectadores que la vean, y ofrece una buena serie de preguntas, reflexiones y lecturas que variarán dependiendo del ojo que la juzgue.

★★☆☆☆ Mediocre

Yo

Desde hace varios años está de moda el término cine independiente, que engloba a todas aquellas películas teóricamente realizadas sin el apoyo de los grandes estudios. Una definición tan vaga pero a la vez tan excluyente que resulta bastante esnob. Y si aún entraña cierta lógica hablar de cine independiente en Estados Unidos, hablar de cine independiente en España es absurdo. Para que haya independencia de la industria, primero debe existir la industria como tal.

¿Cuándo una película traspasa el umbral entre la originalidad y la innovación y se adentra en lo raro e incomprensible? Tal vez la diferencia sólo radique en lo que un film pueda ganar en los diversos festivales cinematográficos en los que compita. Por ejemplo, cuando David Lynch presentó en el Festival de Cannes su por entonces último trabajo, Mulholland Drive, la primera pregunta que le hicieron en la rueda de prensa fue ¿pero qué es Mulholland Drive? A la ópera prima de Rafa Cortés, Yo, le pasa algo similar. Se trata de una historia realmente extraña, que no tiene ni pies ni cabeza. Pero al haber sido elegida como la Revelación Fipresci del Año y ser presentada en el Festival de Cannes, automáticamente se ha convertido en una cinta de culto, cuando antes no tenía ni distribución. Yo no dejará indiferente a nadie, habrá espectadores que conecten de inmediato con la propuesta que plantea la película, y los habrá que al poco rato estarán pidiendo la hora. A Rafa Cortés no se le puede negar su buen hacer como director, y más al tratarse de su debut en el largometraje. Aún le falta pulir numerosos aspectos, pero crea una atmósfera que envuelve por completo, transmitiendo esa sensación de agobio e inquietud que vive Hans. Tampoco se puede decir nada a la impecable interpretación de Álex Brendemühl, guionista además de protagonista.

Yo es una película que levantará grandes pasiones entre los espectadores que la vean, y ofrece una buena serie de preguntas, reflexiones y lecturas que variarán dependiendo del ojo que la juzgue. Para algunos, película de culto, para otros una auténtica pérdida de tiempo.
Lo mejor: La interpretación de Álex Brendemühl
Lo peor: El gusto de Rafa Cortés por lo extraño e inexplicable
publicado por Francisco Bellón el 5 julio, 2007

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