Previsible telefilm de muertos a medio morir y cineastas a medio formar que procura bostezos empalmados y la sensación de que nos están tomando muy seriamente el pelo. Hay engendros de peor catadura artística, pero – no sé por qué – el argumento pod

★★☆☆☆ Mediocre

Lo sobrenatural, en cine, en literatura, siempre ha sido material fácilmente vendible. Los fantasmas de antaño, los que nacieron aureolados de romanticismo y fatigaban incansablemente torreones, almenas y sótanos mordidos de misterio y de profecías, son ahora vagas estrellas pop, muñecos zarandeados por la montaña rusa de la taquilla, que es, al cabo, la puerta celestial, el eldorado deleitoso y productivo. Los jerifaltes de la industria cinemátográfica son perros viejos y saben fabricar bodrios con envoltorio decente como el caso aquí reseñado porque Lo que no se ve es una plasta ectoplásmica, un telefilm caro con ínfulas de cinta de culto que queda, visto el mejunje gótico-menstrual, en un thriller de instituto, en una opereta juvenil de muertos que no lo están y de chicas malas con corazoncito. La protagonista ocupa un espectro tan amplio de emociones que nunca, bajo ninguna circunstancia exigida por el caprichoso guión, sabemos qué la lleva a hacer lo que hace o no hacerlo, que viene a ser idéntica cosa. Lo mismo podíamos decir del poeta atormentado, del vate yuppie que encuentra un pasillo entre la vida y la muerte y lo recorre entre la sorna, el estupor y un vago tufillo a Sherlock Holmes de quinta categoría.

Yo, que vi Ghost con la edad a la que hay que ver Ghost, entiendo que este insoportable batiburrillo de amores imposibles y viajes astrales reconforte el alma adolescente, necesitada de ardores metafísicos sencillos, de melodramas modernos no demasiado cargados de significado. Con todo, el film – que parece ser remake de una cinta sueca no distribuida por estos lares – no está entre los más malos del año, pero le ha faltado verdaderamente poco. El perpetrador de esta casi-infamia ( David S. Goyer ) tiene en su vitrina de logros haber escrito el estupendo guión de Batman begins. En su cajoncito de pecados está haber dirigido Blade Trinity: esa rara conjunción de aciertos y de fatalidades no podía garantizar que aquí nos fuese franca la suerte y asistiéramos a una buena película.

Está uno ya muy de vuelta de muchachos atormentados, tocados por el numen de la belleza y muy sofisticadamente abocados a redimir los pecados ajenos con su generosidad y ancha filantropía y en Lo que no se ve ( The invisible en inglés ) hay uno particularmente pelmazo, irritante, coñazo en grado muy sumo.
Lo mejor: Su correcta factura. Nada de lo que en pantalla aparece - quitemos el sonido, no seamos excesivamente exigentes, por favor - irrita nuestra sensibilidad artística. Tampoco nada la engolosina ni la mueve al siempre agradecido asombro.
Lo peor: Casi todo lo demás.
publicado por Emilio Calvo de Mora el 1 julio, 2007

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