Esto plantea interesantes reflexiones, porque si no gusta la mayoría del cine español, y se cree que siempre hacemos lo mismo, ¿por qué son siempre el mismo tipo de películas las que más taquilla recaudan? Tal vez el problema sea más de base, y es que en general la gran mayoría de espectadores que acuden a las salas se decantan por los productos de consumo palomiteros y de consumo rápido que por el resto de propuestas, sean éstas españolas, europeas, americanas o asiáticas. Siempre hay honrosas excepciones, algunas propuestas interesantes, frescas u originales que gracias al boca-oreja salen bien libradas de la pugna en taquilla. Una vez dicho todo esto, aquellos que estén leyendo estas líneas deben pensar que quien las suscribe se ha vuelto loco o algo por el estilo. No, lo que ocurre es que es mucho más interesante escribir sobre estas disquisiciones filosóficas que sobre la película Café Solo… o con Ellas. No hay nada bueno que pueda decirse de semejante bodrio, salvo que con suerte se convertirá en un taquillazo, lo cual animará a sus inversores a repetir en otras producciones. Ni siquiera es honesta con el público a quien va dirigida, ya que no termina de ser la típica comedia juvenil descerebrada, sino que tiene un importante trasfondo romántico que provocará numerosas deserciones. Huelga decir que el guión, absolutamente infame, está repleto de chistes soeces y de mal gusto que encima no tienen ni la más mínima gracia. En ningún momento de la cinta se llega siquiera a esbozar un atisbo de sonrisa, sino es para reírse del despropósito que vomitan los proyectores sobre la pantalla.
Café Solo… o con Ellas es simple y llanamente un patético bodrio pergeñado por el sobrino de Agustín Díaz Yanes. Si es éste el tipo de films que gusta a los espectadores, es completamente normal que a ese mismo público no le guste el cine español en general.
Lo mejor: Absolutamente nada.
Lo peor: Absolutamente todo.
