Sirve para pasar el rato si se es capaz de aceptar los innumerables agujeros del guión, pero no resiste un análisis mínimamente serio. Norman Bates se llevaría las manos a la cabeza.

★☆☆☆☆ Pésima

Esta visto que lo de salir de casa en USAmérica se está poniendo feo de verdad. O procuras meterte por autopistas de esas de ocho carriles, o al primer desvío que tomes te encuentras formando parte del menú de Caradecuero. Y eso por no hablar de los moteles de carretera, refugio (y muchas veces tumba) de viajeros incautos.

Pues la pareja en trámites de divorcio formada por David Fox (Luke Wilson) y Amy (Kate Beckinsale), no parece tener en cuenta la sabiduría que se refleja en el cine, porque no sólo se meten por una extraña carretera desierta, y dejan que un desconocido les haga unas chapucillas en el motor, sino que acaban pasando la noche en un motel cutre de carretera regentado por Mason (Frank Whaley) en el que son los únicos huéspedes, cosa que descubren cuando ven unas cintas en su habitación en las que hay grabadas torturas y asesinatos cometidos en esa habitación.

Lo que sigue varía un poco entre el “corre, corre, que te pillo”, y el “ahora me ves, ahora no me ves, y ya verás el salto que pegas cuando aparezca”. Lo curioso de este caso es que los protagonistas no son completamente estúpidos (bueno, ella sí hasta casi el final), aunque el mérito real es del errático comportamiento de los malos de turno, que hace pensar si debajo de la máscara no se esconderán los hermanos Marx.

Lo mejor de la peli es el ambiente claustrofóbico de la habitación, realzado gracias a las cámaras fijas instaladas en ella, aunque como haría falta demasiada imaginación para desarrollar hora y media de peli en un cuarto cerrado, pronto la cosa se convierte en un slasher de los corrientitos.

Los actores chillan y sangran como se supone que deben hacerlo, y Luke Wilson, además, cuenta con la ventaja de no ser su hermano Owen, lo que lo convierte en infinitamente más soportable que el colega de correrías de Ben Stiller. Con la Beckinsale queda la duda de si es una actriz estupenda, o es que ella tiene cara de asco de por sí, pero me inclino por lo segundo.

Sirve para pasar el rato si se es capaz de aceptar los innumerables agujeros del guión, pero no resiste un análisis mínimamente serio. Norman Bates se llevaría las manos a la cabeza.
publicado por Alberto Pérez el 19 junio, 2007

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