Esta sensación de gazpacho audiovisual posee tan sólo una motivación crematística y en nada artística. Verbinski, bajo la tutela empresarial de un financiero del divertimento como es Bruckheimer, ha hecho los deberes que le han mandado.

★★☆☆☆ Mediocre

Piratas del Caribe: En el Fin del Mundo

Cuando uno es testigo del espectáculo que es (sin duda) la nueva entrega de la Walt Disney Studios Motion Picture Marketing and Distribution (más su socio, la Jerry Bruckheimer Films), no sabe muy bien si ha asistido a una película de piratas (poco ortodoxa, por supuesto), a una ginkana de numeritos circenses, a una del gordo y el flaco, a una comedia surrealista a lo Cómo ser John Malkovich, o incluso a una historia de amor naif. Y es que esta incursión al fin del mundo es también el paso a la autosuficiencia de una productora que se sabe a priori ganadora. Por ello, el guión viene a ser algo secundario, que tan sólo ha necesitado –de la mano de los curtidos guionistas Ted Elliott y Terry Rossio (Godzilla, Shrek, La máscara del zorro)- una sabia elección de géneros y personajes dispares, extraídos del imaginario infantil de los potenciales clientes (niños y no tan niños).

Esta sensación de gazpacho audiovisual posee tan sólo una motivación crematística y en nada artística. Verbinski, bajo la tutela empresarial de un financiero del divertimento como es Bruckheimer, ha hecho los deberes que le han mandado. Y lo ha hecho bien, y con descaro. A Piratas del Caribe 3 se le nota demasiado su querencia por la taquilla, y su seguridad de vender un producto que antes de salir ya había superado las expectativas de hacer ricos a sus productores.

Por eso Piratas del Caribe 3 riza su trama, permitiéndose licencias clonadoras con discursos esquizofrénicos, o piratas rollingstonianos que defienden el código pirata y la memoria musical de los padres que acompañan a sus hijos a las salas (¿o es al revés?) Y el enredo de su guión se soporta porque viene aderezado (como casi todo el cine americano de consumo rápido) de un terremoto audiovisual que desencaja los ojos del respetable y lo mantiene calladito en la butaca, engullendo sus palomitas y sorbiendo la ración habitual de jarabe made in USA. Al salir de la sala sólo quedará lo que vimos, es decir, mero humo de sonidos y colores y unos buenos euros menos en los bolsillos. Y a seguir tragando fuegos artificiales, que la vida son dos días y Hacienda y la muerte no perdonan.

Con Piratas del Caribe 3, Spiderman 3 y todos sus primos hermanos se nos presenta un menú cinematográfico en nuestros cines poco alentador para quien hubiera gustado de ver colgado en cartel otros títulos igual o más jugosos y de mayor empaque (véase Zodiac, entre decenas más), y sólo encuentra platos prefabricados que si bien seducen a primera vista, devienen más tarde de kitkats con los que matar el gusanillo que uno tiene de buen cine (o si acaso cine a secas), y no decorados digitales recauchutados por expertos en marketing.

En fin, nos vemos en el cine (o en el parque de atracciones)…
publicado por Ramón Besonías el 13 junio, 2007

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