No hay nada que decir contra esta película, aunque tampoco es una obra maestra. Ni siquiera una gran película, pero está hecha con mucho sentido de la dignidad, escrita con mimo y filmada sin enfatismos. Siendo tan escabroso su tema, eso – en estos t

★★★☆☆ Buena

Half Nelson

Uno aprende a vivir con sus pecados y es posible que incluso logre rebajarlos de dramatismo, tutearlos, consentir que son parte la vida o que es escasamente posible arrepentirnos de ellos, perdernos en la redención o ser lo suficientemente cínico como para exhibirlos desprejuiciadamente. Hay vidas escoradas a la tragedia, a cierto fatalismo y otras, frugales, que no pasan de la mediocridad, del gris y plúmbeo tedio. La vida del profesor de Historia retratado en esta interesante Half Nelson es uno de esos que convive con sus pecados, los guarda en rincones privados y sobrelleva los días como buenamente puede. Es toxicómano, idealista, sensible y, sobre todo, utópico.

En realidad la película no hace sangre en las drogas, aunque bien pudiera hacerlo. De hecho, no hay escenas intolerables. El mundo de la droga se dibuja muy tangencialmente: Dan Dunne ( un sobrio y convincente Ryan Goslip ) no es el adicto vendido por las producciones hollywoodienses al uso. De hecho, el film se aleja con mucho criterio del género y enfatiza más aspectos sociológicos o incluso políticos que meros pistoletazos de crack o de cocaína para demostrarnos cuán colgado está el profe, que cual en bifronte Jano exhibe dos lados de una misma persona: el apasionado profesor, consciente del privilegio absoluto de la enseñanza y del valor fundamental del material que tiene entre manos ( seres humanos formándose, adolescentes que ven en su pedagogía ilusiones para vivir mejor y hábitos de conducta reglados para convivir mejor en esa sociedad ) y el ser humano autodestructivo, abandonado en un cuchitril infame en el que se droga como el que lee un verso de Baudelaire ( precisamente Baudelaire ) o escucha un blues lánguido de Billie Holiday ( precisamente Billie Holiday ).

Si por algo me ha gustado mucho la película, aun en su morosidad, en su en ocasiones poco atractivo planteamiento, es por su absoluta falta de ambiciones. No hay truculencias. No hay sobresaltos. Tampoco esa pornografía de aguja y vena que, en otros casos, colorea todo el film y no nos permite atisbar detalles. Aquí no hay cromatismos superfluos: todo se aviene a una gramática precisa, ajena a todo tipo de subjetividad.

El mérito del film de Ryan Fleck estriba en la sobriedad actoral de los 2 personajes fundamentales: el maestro dolorosamente humano y la alumna devastada por un mundo difícil ( hermano en la cárcel, escasez de dinero, crisis de personalidad ) y súbitamente arrimada a él para ayudarlo a levantar el bache, cuya sensatez y equilibrio permite que el accidentado profesor avizore un futuro mejor y recomponga su estado vital y sus ganas de estar en este mundo. Ryan Goslip perdió el Óscar a mejor actor en la reciente gala. No es un papel que guste para una Academia muy timorata, pero se lo merecía.

En su demérito, que también es fácilmente arrumbable al fácil terreno de la crítica feroz, está ese abuso de la cámara en mano, que cansa, la verdad, pero que a lo mejor conviene para enmarcar ese mundo nervioso, frágil, fracturado en mil pedazos que se condensa en la mente envenenada del maestro. Y el cansancio, en ocasiones, de sus imágenes, que no atropellan jamás al espectador y lo dejan en un limbo de ideas enorme, pero a veces poco matizadas. Se diría que es una película que requiere, como quería Umberto Eco para su Obra abierta, un lector cómplice, un espectador alerta que no pierde ningún mensaje y sepa después buscarle sentido a todos ellos y amalgamarlos en un todo compacto. Si se consigue, un peliculón. Puede que no siempr estemos ni preparados ni con ganas para hurgar tanto en lo que, en apariencia, no precisa tanta disección.
Lo mejor: El profe y la alumna: impecables.
Lo peor: Que peca de lenta, que peca de demagógica, que no estimula el aliento cinéfilo, sino la calmada reflexión intelectual, lo cual no es ya bastante.
publicado por Emilio Calvo de Mora el 11 junio, 2007

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