La cinta ofrece un disfrute para quien se abandone a visionarla como un largo videoclip hilvanado por un argumento mínimo pero no insulso y, ni mucho menos, aburrido.

★★★★☆ Muy Buena

Vivimos tiempos de eclosión de los musicales por estos pagos, donde antes apenas llegaban las resonancias de los taquillazos de Broadway y Londres. Desconozco si adaptaciones cinematográficas recientes de obras tan populares como Chicago o esta Dreamgirls han recibido el abrumador agasajo de los cíclicos estrenos del Lope de Vega o el Apolo. Y aunque carezca de datos exactos, dudo mucho que ambos fenómenos hayan alcanzado éxitos homologables.

En mi caso, que nunca me he declarado un adepto del género, ambas cintas me parecieron fascinantes por su equilibrada apuesta entre una historia de cierto interés y un brillante espectáculo audiovisual. Y topicazos al margen, pues la historia de ascenso y caída de las ‘Dreamettes’ abunda en la manida estructura de los tan de moda ‘biopics’ sobre músicos (Ray, En la cuerda floja…), la cinta ofrece un disfrute para quien se abandone a visionarla como un largo videoclip hilvanado por un argumento mínimo pero no insulso y, ni mucho menos, aburrido. Contextualizada entre el comienzo de los 60 y la mitad de los 70, el filme recrea cómo este trío de mujeres resistió, primero, a su predestinado papel subalterno como coristas y alcanzó, después, el estrellato en un país donde éste aún parecía reservado a los artistas de raza blanca.

A este respecto, resulta muy elocuente el pasaje de la cinta en el que se muestra cómo era moneda común el birlarle éxitos a grupos negros distribuidos a nivel local, versionarlos con una banda de raza blanca y conseguir luego jugosos réditos en las listas nacionales. De hecho, este tema, el de los hits y la pugna en las listas de éxitos, está muy presente durante todo el metraje de la cinta. Hasta el punto de que muchos de los conflictos entre las ‘Dreamettes’ venga motivado por este asunto, y por los celos de unas frente a otras en la puja por mayores cotas de protagonismo. Por lo demás, algunas otras buenas razones para ver esta cinta son el asistir al magnífico recital de ese potente torbellino que responde al nombre de Jennifer Hudson, descubrir una sorprendente doble faceta dramático-musical en Eddie Murphy y disfrutar con magníficos temas soul que derrochan ritmo a raudales en sus versiones más bailables y mucho sentimiento en sus baladas.
publicado por Matías Cobo el 6 junio, 2007

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