“La isla del tesoro” sentó las reglas del género de piratas; Gore Verbinski ha encontrado su inspiración en la multiplicación de los personajes y los bandos.

★★★★☆ Muy Buena

“La isla del tesoro” sentó las reglas del género de piratas. Jim Hawkins y sus amigos tenían el tesoro, pero John Silver y los piratas tenían el barco. Cada uno tenía algo que quería el otro y se arreglaban con un trato. Pero era un trato con piratas, y los piratas a veces cumplen su palabra y a veces hacen honor a su fama. Los “Piratas del Caribe” de Gore Verbinski han encontrado su inspiración en la multiplicación de los personajes y los bandos: la marina inglesa, Sparrow, la chica, el chico, el Capitán Barbossa, el Holandés Errante, y en el aumento exponencial de los tratos y cambalaches, que son incontables.

Para que nos creamos lo increíble, o sea, que un pirata va a respetar su palabra, la película recurre a lo legendario. El pirata tiene que cumplir su palabra porque, de lo contrario, una maldición caerá sobre él. Las maldiciones y las reglas proliferan como los hongos para conducir una trama interminable sin que el espectador desfallezca.

Jack Sparrow es el segundo motor de la historia. Sus gestos inofensivos y amanerados, cuya influencia en Keira Knightley menoscaban al principio el personaje de Keira Knightley, significan que no debemos tomarlo en serio. En un universo de pactos, él es el pillo, en un drama de ideales, él es el egoísta. También es el capitan sin autoridad y el negociador sin poder. Y, sin embargo, es el único que se sale con la suya. Participa en los complicados teje-manejes con muchas jugadas de antelación, como un Kasparov de un ajedrez que cambia de reglas en cada turno.

Los dos protagonistas luchan lastrados por la falta de malicia, y se ponen la zancadilla el uno al otro sólo en nombre de sus progenitores. Su unión final o su tragedia dependen de la confianza que creadores y público (cada día más unidos en el sólido negocio del celuloide) tienen en el triunfo del amor eterno, o en la contrastada incredulidad que les ha enseñado la experiencia.

Son ejemplares las largas ejecuciones del principio, con ese niño que desafía al patíbulo con su canción, la guarida de Sao Feng que compone un relato completo al estilo de los prólogos de Indiana Jones, la multiplicación de Jack Sparrows y cangrejos en el universo onírico de la tierra de Davy Jones, la hermandad de los piratas, y ese remolino demencial de la batalla final. No entiendo la obstinación de la crítica por defender su indiferencia hacia una obra más que notable.
publicado por Jose Contreras el 3 junio, 2007

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