Desde La flor del mal (2002) que no veíamos a Michelle Pfeiffer actuando en la gran pantalla. Pues si queréis que os diga la verdad, la espera ha valido la pena y no la ha valido al mismo tiempo. Vamos a ver, El novio de mi madre es una tontería, pero el hecho que la actriz de 49 aparezca en ella ya es un punto a favor, pues no sólo conserva su naturalidad y divertidas caras al actuar sino que sigue siendo, bajo un cirujano, supongo, una belleza increíble. La película empiza hablando sobre el tema de la liposucción y acaba haciéndolo con otra cosa, y es ahí donde se ve claramente que la película, sin el contrato de Pfeiffer, no hubiera existido. Sí, Paul Rudd puede ser lo divertido y simpático que queráis, chicas, pero es que ella se lo come vivo. Además, Tracey Ullman aparece como la “ayuda en temas amorosos” de Pfeiffer, y está realmente divertida. Como veréis, si hay algo que destaca en la película es su reparto, lo demás es bastante mediocre.
No me extenderé más porque no se puede. Estamos ante un film sencillo, donde sólo se puede resaltar el reparto que lo llena de algunos diálogos realmente divertidos y situaciones un poco menos comunes de lo habitual. No recomendada para los que detestan a Michelle Pfeiffer (espero que seáis pocos) y los que odian las comedias románticas.
Lo mejor: la química entre Pfeiffer y Rudd, milagrosamente conseguida.
Lo peor: un guión demasiado flojo.
