La primera entrega de esta saga, Piratas del Caribe: la maldición de la Perla Negra, tuvo un éxito tan inesperado como arrollador. Hábilmente dirigida por Gore Verbinski, supo cautivar a un amplio espectro de público, y pronto se convirtió en referente para otro tipo de producciones similares.
La continuación de este primer filme, Piratas del Caribe: el cofre del hombre muerto, supo conservar, ya sin el factor sorpresa de su parte, el espíritu y la espectacularidad de la primera. Y ahora, tan sólo un año después de la segunda parte, llega Piratas del caribe: el fin del mundo, con la que se cierra la exitosa trilogía. Aunque comienza con un ritmo un poco lento y dubitativo, lo cierto es que pronto recupera el pulso de las dos anteriores y se convierte en otro filme lleno de fuerza, trepidante y capaz de entusiasmar al espectador.
Johnny Depp vuelve a demostrar que tiene pocos rivales a la hora de interpretar a personajes pintorescos, y borda el papel del cobarde y amanerado, pero encantador, Jack Sparrow. Orlando Bloom cumple con creces en su papel, mientras que Keira Kneightley (sería una pena si de verdad se retira del cine) está impecable en su papel de chica de clase acomodada pero rebelde. Una fotografía excelente y su ya conocida y pegadiza banda sonora, completan una producción que hará las delicias de los aficionados. Como curiosidad, decir que en esta ocasión aparece Keith Richards, guitarrista de los Rolling y uno de los referentes de Depp, en el papel de padre del pirata.
Lo mejor: Mantiene el tono de las anteriores.
Lo peor: La primera parte se hace algo lenta.
