Oldboy es una de las razones por las que el cine hace que nuestras vidas sean más felices. Obra maestra del cine. ¿Hace falta algo más?

★★★★★ Excelente

Oldboy

He visto Oldboy nada más levantarme. Hacía tiempo que no empezaba un día así. La he terminado hace diez minutos y tengo la impresión de que no es el mejor momento para escribir algo, pero no sé manejarme a voluntad en estos asuntos y he acabado aquí, frente a mi ordenador, conjurado a manifestar mi absoluta fascinación por una de las mejores películas que he visto en toda mi vida. No estoy sugestionado por nada que haya leído ni tampoco me mueve las circunstancias tan especiales que han contribuído a que pueda verla ( estoy en casa, de baja, estoy solo, no hay ningún ruido, el mundo parece que ha dejado de existir durante dos horas ).

Puede ser que algo que no acabo de razonar me haya movido a sobrevalorar este rato de CINE perfecto que acabo de tener. Oldboy es una de las razones por las que el cine hace que nuestras vidas sean más felices, incluso mejores Viéndola, me he desprendido de toda contaminación cinéfila que haya podido traer tras haber las suficientes películas. Por momentos, pareciera que fuese la primera película. El cine asiático está tomando las riendas que el cine occidental ( europeo o americano ) hace tiempo que fueron abandonando, entregándose a cierta ley que supedita la calidad con la caja. A mayor calidad, menores ingresos.

Entiendo que Oldboy no es plato consumible con facilidad. Contiene escenas que pueden herir la cacareaa sensibilidad del espectador. Lo cual no deja de ser una solemne gilipollez: te puede herir la sensibilidad las andanzas de Pajares y Esteso por los bingos de Franco y no por eso van a ponerle ninguna etiqueta a sus fantasmadas.

Oldboy me ha recordado a Almodóvar y a Tarantino. Por unas u otras causas. También me ha hecho pensar en la manida tragedia griega que nos acompaña por toda la bizarra historia de la literatura porque en Grecia se diseñaron los argumentos y luego lo único que hemos hecho ha sido adaptarlos a los tiempos y modificarlos para que parezcan inéditos. La historia que nos cuenta es la de Oh Dae Su: un tipo al que encierran quince años para soltarlo con algunos leves pistas que van a conducirle a la razón de su cautiverio. No precisa el lector que no haya visto el film más datos.
El embrutecido héroe de la historia, como un Conde de Montecristo moderno, somete su venganza a la revelación de la verdad de su confinamiento. Esa trama, muy hábilmente hilada, adquiere, al final, en la escena del ático, tintes líricos, shakesperianos…. Aunque únicamente fuese por llegar a ese final y entenderlo, vale la pena asistir a todo lo que se nos cuenta antes. Y Park Chan-Wook cuenta mucho y lo hace con un oficio apabullante: travellings laterales, el gran angular para remarcar los estados de ánimo del perturbado protagonista…. Y ahora voy a desayunar, aunque no pulpo vivo. Algunos ya saben.
Lo mejor: El guión, soberbio. La música, sublime. Los actores, fantásticos.
Lo peor: ¿ Diré que nada ?
publicado por Emilio Calvo de Mora el 24 mayo, 2007

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