Una secuela que no solamente tira por la borda todas las virtudes de la cinta de Aja, sino que además es firme candidata a lo más anodino e infumable que hemos tenido que tragar en lo que va de año.

★☆☆☆☆ Pésima

El retorno de los malditos

Wes Craven, el hombre que tuvo la oportunidad de hacer la misma película dos veces, se encarga junto a su hijo de escribir el guión para la secuela de Las colinas tienen ojos (2006), el exitoso remake que dirigiera Alexandre Aja de uno de sus clásicos setenteros. En circunstancias normales, la mano del tío Wes sería una razón para confiar en la calidad de una película, y si digo “en circunstancias normales” es porque todos sabemos muy bien que el Wes Craven de hoy está a años luz del de hace treinta años. El hombre que tenemos hoy en día es alguien que está en franca decadencia y que ha dado al traste con nuestras esperanzas en más de una ocasión, ya sea como director, productor o guionista. Dicho esto hay que ir al grano: El retorno de los malditos (2007) es una secuela que no solamente tira por la borda todas las virtudes de la cinta de Aja, sino que además es firme candidata a lo más anodino e infumable que hemos tenido que tragar en lo que va de año.

Y lo peor de todo es que Wes lo tenía fácil, ya que por mucho que lo intentara, esta secuela (que en una incomprensible jugada de marketing ha sido bautizada en España como El retorno de los malditos cuando lo más fácil hubiese sido colocar un “2” al título que ya tenían) no podía ser peor que la que él mismo dirigiera en 1985, famosa no sólo por ser uno de los bodrios más sólidos de los ochenta, sino también por ser la única cinta de la historia (hasta donde sé) en la que un perro tiene un flashback (!). Aquí no hay nada de eso, ya que el objetivo desde el principio es emular el estilo intenso y desaforado de Aja y llevarlo al próximo nivel. El encargado de la dirección es el alemán Martin Weisz (mejor director de Sitges por la película Grimm Love (2006), la cual no he visto), que remeda el estilo visual de la cinta antecesora buscando además una atmósfera claustrofóbica muy en la línea de The Descent (2005). Por desgracia, los resultados no pueden ser más desastrosos.

En vez de una familia de transeúntes desprevenidos, los protagonistas de esta película son un grupo de reclutas novatos de la Guardia Nacional encargados de proporcionar suministros a un grupo de científicos afincados en las colinas de Nuevo Méjico. Lo que encuentran, en cambio, es a los científicos masacrados y a ellos mismos presa de otra familia de mutantes caníbales, a la que deberán enfrentarse si desean sobrevivir. De entrada, este es ya el primer error: al hacer de los protagonistas un grupo de soldados con armas y entrenamiento para matar, la secuela despoja a la historia de su componente humano, alejando cualquier empatía que pueda sentir el espectador hacia los personajes. Si a eso sumamos que los mutantes son representados como auténticos gigantes a los que falta poco para tener superpoderes, encontramos que aquel interesante enfrentamiento primitivo de la primera parte queda aquí reducido a una típica monster movie, sólo que mal hecha. El cara a cara entre las bestias y los soldados va pasando por todos y cada uno de los clichés de este tipo de películas, a lo largo de una dirección desganada y una trama que se mueve casi por incercia. Para colmo, los soldados son tan francamente estúpidos que a los quince minutos no sólo no sentimos piedad por ellos, sino que les deseamos abiertamente la peor de las suertes. No exagero cuando digo que estos soldaditos de pacotilla representan un mayor peligro para sí mismos que los salvajes caníbales que se ocultan en las cavernas.

Como buena representante de su tiempo, la película tampoco escatima en la casquería y en las situaciones escabrosas. Tan sólo la primera escena es bastante difícil de soportar (cosa que, no lo niego, pinta bien al principio), aunque tras ver la totalidad de la cinta uno no puede menos que admitir que se trata de una terapia de choque bastante evidente que intenta tapar las innumerables carencias de la película apelando al impacto fácil. También hay aquí una cruenta escena de violación, por supuesto mucho más explícita que la de la primera parte y con un mayor énfasis en el placer de la bestia atacante, a la que incluso le cuelga el muy calculado hilo de baba de la boca.

La duda que me queda es si realmente (tal como he leído en algunos sitios) la película intenta colarnos un mensaje antibelicista acerca de la invasión en terreno hostil a manos de las siempre listas tropas americanas, lectura que no sólo he escuchado acerca de esta cinta sino también acerca de otro próximo estreno, 28 semanas después (2007). De ser así, me parece un mensaje bastante pobre, y la explotación de las muertes de los soldados a través del pueril método de mostrarlos como una banda de palurdos que merecen cuanta fatalidad caiga sobre ellos me parece no sólo inefectivo, sino también un tanto miserable. El retorno de los malditos es, en este sentido y en cualquier otro, una película absurdamente olvidable, mediocre y prescindible de la que se puede pasar sin ningún cargo de conciencia. Me parece a mí que Wes Craven tardará mucho tiempo en volver a levantar cabeza.
publicado por Hombre Lobo el 20 mayo, 2007

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