Hugh Grant y Drew Barrymore componen una comedieta dulzona, fácil de visionar, al igual que fácil de olvidar, de esas que uno observa sin mucho interés, en cualquier canal de TV a la hora de la sobremesa, y que mientras debate con la familia el último gol de Beckham, puede sin levantar la vista del café que le acompaña, seguir el hilo de la misma.
Tal vez, lo único que me gustó de la misma fue la Banda sonora, y más por repetición una y otra vez de los temas, que por el gusto en si de la misma, y es que tanto repetir y repetir, hace que uno acabe la película cantando el tema principal del mismo, ese Pop Goes My Heart cuyo video recuerda a muchos de los que acompañaron mi niñez musical o mi posterior adolescencia y cuando me desmarqué musicalmente de la música infantil o lo que se escuchaba en casa; pero no, no estoy aqui para hablar de música, máxime cuando es un tema del que no podría escribir más de 2 líneas seguidas…
En fin, resumiendo, una sencilla comedia romántica, donde la música es el plato principal y donde no hay química entre los protagonistas (y es que el personaje de Barrymore no se lo cree nadie…).
Lo mejor: La música.
Lo peor: Todo lo demás.
