Es Filmax quien apadrina este primer largometraje de Nacho Cerdá, largometraje que, lamentablemente, vuelve a ser un perfecto muestrario de las virtudes y de los defectos de las producciones de terror de dicha productora, que no solo están casi todas fotografiadas por el mismo camarógrafo, sino que además, terminan por parecer todas un poco como cortadas por el mismo patrón.
De “Los abandonados” me enganchó sobretodo el principio, donde predomina una misteriosa e inquietante ambientación, aliada a una eficiente labor en la dirección de arte. Nos sumergimos en una brillante composición llena de planos poéticos e inquietantes. Sin embargo, enseguida, se puede apreciar un cierto abuso de unos decorados obsesivamente oscuros y tenebrosos, muñecas antiguas rotas, gemidos de bebes y toda una serie de clichés muy reconocibles dentro del género. Unos omnipresentes efectos sonoros a un volumen totalmente fuera de madre y una sucesión interminable de sustos efectistas y gratuitos, comienzan, lamentablemente, a irritar gravemente el visionado. La historia, además, pega inexplicablemente un bajón extraordinario a la mitad del metraje, donde la trama, una vez mostradas las cartas, se estanca y las sorpresas, tras semejante atasco de efectismo desordenado y caótico, ya no surten el efecto deseado. Para cuando la cinta trata entonces de sorprender en su desenlace final, ya es demasiado tarde, aunque bien es cierto que algunas de mis escenas favoritas se concentran precisamente en este tramo. Cerdá, sin embargo, demuestra un gran talento, se hace grande y enseña los dientes a la hora de inquietar, de provocar, de sugerir, en algunos de esos momentos reflexivos, en la recreación de una logradísima atmósfera opresiva, de la tensión y el suspense, como por ejemplo cuando los protagonistas parecen esperar juntos resignados a su destino final, sin duda alguna, uno de los mejores momentos de todo el largometraje.
El público, algo frío, despidió la película con tímidos aplausos que contrastaron con el entusiasmo del principio de la velada, y a mi se me quedó la sensación de haber visto algo que podía haber sido espectacular, pero que se quedó un poco por el camino, en un ejercicio quizás demasiado artificioso y confuso. Un debut irregular e interesante casi a partes iguales para un Nacho Cerdá que comienza así su andadura en el formato largo y que continua siendo una apuesta valiente y segura para el futuro del cine más aterrador de este país.
Lo mejor: La ambientación y los trajes.
Lo peor: Que no engancha, porque te hueles el final.
